viernes, 7 de julio de 2017

BONILLA NORTE (3445m) y BONILLA SUR (3450m)

Cumbres para no quedarse quieto ó "el techo de la precordillera"


A veces el objetivo que tenemos en mente no es posible de ser subido en el escaso tiempo del fin de semana. Pero como la montaña es tan extensa, siempre hay algún lugar para conocer. Desde hace un tiempo tengo la vista puesta en la precordillera, esa gran “olvidada” para los que siempre tenemos la vista puesta en las cumbres más altas. Y es injusto que así sea, ya que esta región montañosa ofrece muchos objetivos y no solo “a modo de entrenamiento”. En un comienzo, la idea era ir al “Invernada”, clásica cumbre que aún no he visitado. Hace muchos años, 30 para ser exactos, había subido el “Buitrera”, su hermano menor y primer paso obligado para alcanzar el Invernada. Salimos un domingo de invierno bien temprano, poniendo el suran del Lito rumbo a Potrerillos. También viene Crispo, quien se ha prendido en la pateada de hoy. Mientras vamos en camino, voy maquinando un cambio de planes. Las largas 7 u 8 horas que necesitamos para alcanzar la cumbre del Invernada desde las cercanías de Guido no tientan demasiado. Así que les propongo a mis compañeros cambiar de planes y seguir a Uspallata. La noche anterior, buscando que objetivo hacer, vi que el Bonilla es muy accesible desde la ruta 13 que comunica Uspallata con Mendoza pasando a los pies del Pelado.








Así es como empezamos la jornada desayunando en Uspallata para después tomar rumbo este. El camino está en buen estado, cosa que nos va tranquilizando a medida que vamos subiendo. Lo que pasa que esta misma ruta está en pésimas condiciones en la otra vertiente de la montaña. El Google Maps en el celular es muy útil para orientarse mientras nos vamos acercando. A las 10 en punto estamos comenzando la marcha desde el lugar donde elegimos dejar el vehículo. Estamos casi a 3000m, en un portezuelo donde el camino comienza nuevamente a bajar. La mañana fría nos apura a comenzar la marcha. El paisaje ya se adivina increíble del otro lado del cercano filo. A poco más de una hora y media estamos en la primera cumbre del cordón Bonilla. Aquí hay una torreta metálica y tres testimonios de cumbre acumulados (nuestros predecesores no tenían muy clara la costumbre de sacar el anterior y dejar el propio). Las cámaras de fotos trabajan sin cesar: un impecable día despejado permite perder la vista en una gran cantidad de cerros y cordones. Media hora más tarde seguimos a la otra cima del mismo cordón, de similar altura pero situada unos 4km más al sur. El terreno es muy agradable de caminar, por la altura que nos encontramos no hay vegetación muy alta y los senderos de animales permiten transitar cómodamente grandes distancias.

Una hora más tarde estamos en la otra cumbre. Aquí hay una gran pirca y testimonio de hace cuatro años atrás. En él aparece el nombre de “Mogote del Arbolito”. Como no teníamos muy fresca la toponimia de la región, respetamos del testimonio encontrado. A nuestro regreso, y luego de estudiar los mapas de la zona, encontraríamos la ubicación correcta del mencionado Mogote, concluyendo que la cumbre ascendida es el Bonilla Sur. Aquí también desplegamos una intensa actividad fotografiando a 360°. El gps marca apenas unos metros más que la cumbre anterior. La altura de este cerro, sería otra de las sorpresas que nos encontraríamos a nuestro regreso. Por años se consideró al cerro Pelado como el más alto de la precordillera mendocina. Pero la nueva tecnología de sensores remotos, modelos virtuales y gps, le dan, por muy poco, más altura a esta cumbre del cordón de Bonilla. Y eso si hablamos de “cumbre más alta”, porque el punto más alto está más al norte, en el límite con San Juan. Para más detalle, consultar el blog de Guillermo Corona, quien por su naturaleza inquieta se preguntó esto hace varios años atrás (ver: el cerro más alto de la precordillera de Mendoza). Después de disfrutar largamente la cumbre, comenzamos tranquilos el regreso. Vamos faldeando por la vertiente este, buscando el camino más corto al vehículo. Pasamos por el sitio “Agua del Matuasto” donde existen unas antiguas construcciones mineras. Poco antes de las 17 estamos en el auto, planeando las próximas ascensiones por la zona.


miércoles, 14 de junio de 2017

CUMBRES DE ENTRENAMIENTO II

CERRO ÁSPERO (2251m) : "EL PATIO DE JUEGOS DE LA CIUDAD"

La primera vez que subí este cerro, fue hace más de ¡cuarenta años!. No recuerdo exactamente la fecha, pero si tengo presente recuerdos del ascenso junto a mis hermanos y llevados por mi padre. Salíamos desde el antiguo Puesto San Isidro, en tiempos que el acceso era totalmente libre. En la adolescencia, cuando el andinismo pasó a ocupar la mayor parte de mis pensamientos, volví varias veces ya sea llevando amigos o de camino hacia otros objetivos de la zona, como el Mesillas. Recuerdo en una ocasión, lo encaramos desde la quebrada del Arco, a falta de una movilidad para llegar hasta San Isidro. Concluyó sin cumbre y bastante raspados por la espinosa y espesa vegetación de la vertiente norte. La última vez que lo subí fue en abril de 2007, saliendo desde la “Puerta de la Quebrada”, tardando poco menos de 3 horas para el ascenso y 2 para el descenso. Había ido en plan “montaña”, con botas de trekking, mochila, cámara de fotos, etc, tal y como uno encara un cerro en plan de ascensión.
Diez años pasaron desde mi última visita, prueba de considerar a la precordillera como un terreno para entrenar más que como un fin en sí mismo. Hoy con poco tiempo disponible, vuelvo a redescubrir aquellos senderos que alguna vez caminé (y otros que no me había fijado) a fin de hacer más entretenido y movitado el entrenamiento. Ese eterno plan de entrenamiento que uno tiene en la cabeza, con la idea de estar en condiciones, para cualquier objetivo que a uno se le ocurra. 
 En la fría y soleada mañana de domingo, la playa de estacionamiento de “Puerta de la Quebrada” está a full. Mucha gente se hace presente en el lugar para su “peregrinación semanal” al Arco. Mi objetivo es el mismo de una década atrás, aunque en un plan diferente: voy de zapatillas, pantalón corto, buzo y una mochila pequeña. La idea es subir y bajar lo más rápido que pueda, en un plan similar al que utilizo en el Arco como entrenamiento. Desde el letrero del Club Andinista Mendoza, aprieto el cronómetro para medir el tiempo de ascenso. Voy caminando rápido, no corriendo, midiendo el esfuerzo que hay por delante. A los pocos metros hay que dejar el camino e ingresar a la quebrada. Justo antes de llegar a la pared de roca naranja donde se practica escalada en roca, nace el sendero del Áspero. Este sendero está bien marcado y va ganando altura cresteando algunos pequeños filos hasta que alcanza el filo principal del cerro. Esta parte es bastante empinada y no permite llevar un paso más que caminando. Más arriba el sendero ya ha ganado la parte alta del filo que permite correr en las partes más horizontales. A esta altura me alcanza una persona que viene a un ritmo muy rápido, corriendo casi todo el tiempo…¡me pasa como si estuviera parado!
Cuando alcanzo la segunda parte plana del filo, aparece la típica “joroba” de la cumbre del Áspero. Ya por lo menos no queda tanto y me entusiasmo para terminar, aunque la última trepada es bastante dura. Aquí me cruzo con el “velocista” que me había pasado, que ya viene descendiendo. Después de una hora y cuarenta y cinco minutos alcanzo la cumbre. Aunque el aire está frío, me tomo unos minutos para tomar y comer algo y de paso, escribir mi testimonio. Si bien he subido a modo de entrenamiento, no deja de ser todavía una clásica cumbre en la que tomarse unos minutos para disfrutar del paisaje, revisar la pirca de cumbre para ver cual fue el último ascenso registrado y por supuesto continuar con la tradición de dejar asentado el propio. E inevitablemente surgen algunas reflexiones. Este clásico objetivo, elegido desde hace décadas casi exclusivamente por montañistas, es hoy en día también un objetivo para otros deportistas, como los corredores de montaña. ¿Cómo hacer para que costumbres como el “testimonio de cumbre” no se pierdan? Es difícil que esta costumbre permanezca en lugares que son visitados por personas de diferentes “colectivos”. Así pasó hace años con el Arco (un cerro ahora plagado de antenas no motiva a dejar absolutamente nada) y lo experimenté también en el Gateado hace unos meses atrás, al no encontrar nada en la pirca de cumbre.
El auge de los deportes de “aventura”, actividades “outdoor”, y el famoso “running” ha llevado a que más gente frecuente los cerros cercanos a las ciudades. Y eso es positivo, para todas las personas que pueden vivir más en contacto con el medio natural. Lo que sí sería ideal, es buscar la manera que aquellas buenas costumbres del “colectivo montañero” puedan contagiarse a los nuevos usuarios de este espacio natural. Y entre esas costumbres, no solo está el dejar “testimonio de cumbre” (como una forma de estadística o registro de visitas de las solitarias cumbres mendocinas). También están: el “bajar la basura”, “no prender fuego”, “no cortar flora autóctona”, “no atentar contra la fauna”. Si bien nuestra montaña es extensa, hay lugares y recorridos donde la concentración humana es importante por lo que deberemos buscar la forma de usar responsablemente el ambiente que visitamos. 
 El aire frío motivó a que apurara el descenso y dejara para después estos pensamientos. Aprovecho todos los planos posibles para correr, al mejor estilo de mi niñez, cuando bajaba corriendo los cerros con mis hermanos. Quizás hoy con una mirada y conciencia diferente, pero con la misma sensación de “volar” entre jarillas y espinillos. Una hora y veinte minutos más tarde estoy llegando al auto, cansado, pero contento de seguir con estos “redescubrimientos”.

RECOMENDACIONES
Conviene dejar el vehículo en el estacionamiento de “Puerta de la Quebrada”, queda guardado en lugar seguro y cuidado.
Para ir al Áspero hay que registrarse en “Puerta de la Quebrada” ya que se ingresa a terrenos privados.
La ascensión al cerro Áspero toma normalmente de 3 a 4 horas de ascenso y 2 o 3 de descenso. Para quienes se inician en la actividad conviene disponer de la jornada completa.

Ya que el ascenso se realiza en un ambiente de montaña, sin más señales que un sendero y algunas pircas o apachetas que señalan el camino, requiere de cierta capacidad autónoma para realizar nuestra actividad. Por más que estemos cerca de la ciudad y de una buena cantidad de gente que visita el cerro Arco, al mismo tiempo aquí no encontraremos a nadie. Por lo tanto debemos ser capaces de subir y bajar sin problemas por nuestros propios medios.

Y por último, no dejemos rastro de nuestro paso. La montaña no necesita de nuestra presencia, pero nosotros sí necesitamos de la presencia de nuestras montañas!

miércoles, 31 de mayo de 2017

EXPLORACIÓN EN EL CORDÓN DEL TIGRE








La exploración de nuevos cerros, cumbres, rutas implica incertidumbre. Y eso es precisamente lo que más atrae de esta actividad. De esta manera cuando se logra el objetivo, la satisfacción es mayor, justamente por la incertidumbre previa.




La tarea comienza en casa, estudiando el objetivo, su ubicación, la distancia y desnivel a recorrer, y el terreno que presenta. Es ahí donde uno compara con otras ascensiones realizadas para saber si es posible lo que todavía son puras “especulaciones”. Y cuando se trata de ascensiones “en el día” desde la ciudad de Mendoza, a algún nuevo objetivo que no conozcamos sobre la ruta a Chile la cosa se complica. Porque esos objetivos cada vez están más alejados de la ruta (los más cercanos ya los hemos subido) o los que quedan ofrecen algún tipo de dificultad en su aproximación o ascensión.
Así y todo, para cuando la ocasión lo amerita, desempolvamos alguno de los “pendientes” y no queda otra que buscar a algunos “cómplices”. En este caso fueron  dos personajes de lujo: Lito Sánchez y Heber Orona. Hace algunos años atrás, nunca hubiera pensado que algún día iba a terminar saliendo a la montaña con estos dos “pedazos” de montañistas! Entre otros logros Lito es el primer argentino en un “ochomil” (Daulaghiri 1990) y primer latinomaericano en un ochomil en invierno (Cho Oyu 1992) y Heber es el primer argentino en el Everest  sin O2 ni sherpas (1999) además de ser el primer argentino en las “7 cimas” (2006).
Un domingo de fines de otoño salimos bien temprano de la ciudad de Mendoza. A las 8.25hs, luego de echar un vistazo a nuestro objetivo, dejamos el vehículo en cercanías de la ruta internacional. El cerro que queremos subir está del otro lado del río Mendoza, por lo que nos vemos obligado a caminar unos kilómetros antes de entrar a nuestra quebrada. Estamos en el extremo sur del cordón del Tigre, ese hermoso telón de fondo del valle de Uspallata, por cierto bastante olvidado para los montañistas. Pueda ser que el proyecto de Parque Polvaredas algún día pueda ver la luz, y esa hermosa región de los Andes pase a ser respetada y tenida en cuenta por todos.

La idea del ascenso es bastante sencilla en Google Earth. Ese mundo virtual, hace ver sencillo hasta los objetivos más complicados! Hay que seguir un pequeño arroyo en una quebradita muy encerrada para luego desembocar en un vallecito de altura al pie de nuestro cerro. El desnivel es importante, más de 2000m, por lo que sabemos que el día va a ser largo…Las horas van pasando, vamos devorando metros pero el terreno se presenta bastante trabado. El arroyito que seguimos tiene hielo en los márgenes y hay que andar con cuidado para evitar patinazos. Recién tres horas después de salir podemos sentarnos a recibir los primeros rayos de sol. Es tan encerrado el lugar que los rayos de sol en esta época del año no alcanzan el fondo de la quebradita. Un poco más arriba alcanzamos el terreno nevado, y vamos tomando conocimiento de las condiciones de la nieve. Las tormentas han sido bastante recientes y las bajas temperaturas y escasa radiación no han colaborado para que el manto níveo se transforme. Así que vamos haciendo un surco en una nieve totalmente inconsistente. Como si nunca lo hubiéramos hecho, como si nunca hubiéramos salido en otoño, como si no supiéramos que en esta época encontraríamos esta nieve, nos ponemos a prueba una vez más a subir cerros con estas condiciones. Pasado el mediodía y bastante más tarde de lo que calculábamos, alcanzamos el final del vallecito al pie de nuestra cumbre. El lugar es hermoso, a pesar de estar todo cubierto de este manto inconsistente donde nos hundimos más de la cuenta. En algunos sectores la nieve se está “acartonando” y podemos caminar sin hundirnos tanto. Pero en general, no queda otra que tomárselo con calma y esfuerzo. Nuestra cumbre presenta un suave perfil triangular de rocas naranjas que nos llama a que “demos todo” para alcanzarla. Así es que después de probar bocado y reponer líquidos, encaramos la pendiente final que nos lleva al filo divisorio de aguas del cordón del Tigre. Desde abajo se adivina una subida tediosa, dado que al estar a “sotavento” aquí se ha acumulado bastante nieve.






Al principio vamos ganando metros buscando los sectores más “consistentes”. Pero después no queda otra más que comenzar a nadar en esa nieva honda. Ya las sombras de la tarde nos han alcanzado y hay que mantenerse en actividad para no enfriarse. La lucha es desigual pero lo que no sabe la montaña es las ganas que tenemos de alcanzar de una vez por todas el filo iluminado por el sol. A las 5 de la tarde alcanzo por fin el filo y mientras espero a mis compañeros me caliento con los inclinados rayos otoñales. La cumbre desde aquí no se ve muy lejos pero la hora avanzada no deja mucho margen de dudas. Cuando llegan mis compañeros evaluamos que hacer. No dudan en apoyar la moción de seguir a costa de bajar de noche. Así que sin dudarlo mucho recorremos el filo hasta la base de la pirámide final. Pero tras esta media hora de actividad recorriendo el filo y viendo que la cumbre no cambia mucho de perspectiva nos hace recapacitar  y lo que parecía cercano no es tan así. A las 6PM debemos rendirnos a la evidencia: ¡el sol está por ocultarse detrás del Aconcagua y nosotros aún sin pisar la cumbre! Y lo mejor de todo que pretendemos llegar esta misma noche a la ciudad de Mendoza. Sin dudarlo damos por terminado nuestro intento muy a pesar del esfuerzo realizado. Sólo nos tomamos un par de minutos para tomar fotos y ya estamos descolgándonos por la nieve honda del filo.Sabemos que no queda más que unos cuarenta minutos de luz de día para tratar de descender lo máximo posible. Tomamos una ruta más directa que en el ascenso y nuevamente estamos luchando en la nieve. El descenso es bastante cómodo en el sector con nieve, pero después de dos horas, ya estamos en el mar de rocas de la quebradita. Y empieza la tortura de nunca acabar…vamos sorteando obstáculos pensando que son los últimos pero siempre hay más! Recién a medianoche alcanzamos el valle del río Mendoza. Y todavía falta la caminata hasta el vehículo. Una vez más se pone a prueba la voluntad y le metemos pata para terminar con este largo día. Fueron 16 horas de actividad que para algunos les puede parecer una tortura pero para nosotros fue aprovechar este domingo al máximo, sabiendo que el lunes lo hemos empezado en la montaña!




martes, 14 de marzo de 2017

BUSCANDO CERROS

Esencialmente el andinismo es eso. Buscar montañas y subirlas. Y eso es suficiente trabajo, horas de estudio previo y verificación en el terreno. Y al pasar los años, ¡es cada vez más complicado encontrar cerros “a mano” para subir en un día… y que no hayamos ido! Mirando algunos mapas, revistas y páginas web, aparece un cerro llamado “Guardián del Portillo” al norte del “Tres Hermanos”, sobre el cordón de Límite. Y sin pensarlo mucho, un domingo de marzo decido ir a intentarlo. Se ve medio “mucho” para hacer en una jornada saliendo y volviendo a la ciudad, pero ¡es lo que hay! El cerro tiene poco más de 4500m, pero está como a 15km del punto donde dejaría el vehículo… Domingo a las 5:10 dejo la ciudad de Mendoza rumbo a Las Cuevas. Una ruta con poco tráfico facilita mucho las cosas y a las 7:40 estoy desayunando al lado del peaje de la boca del Túnel Internacional. Son las 8:00 cuando me pongo en marcha. Un día espectacularmente despejado tal como lo anunciaba el pronóstico. La ruta esbozada es sencilla, caminar unos cuantos kilómetros por la hermosa quebrada de Matienzo hasta el vallecito alto lateral que conduce al cerro. Sólo apurando el paso en la caminata por la quebrada es que se puede tener chances en el ascenso del cerro.
La villa Las Cuevas se despierta
Aún falta bastante para el vallecito
Faldeo por la margen izquierda
Cascada del Potrero Escondido

























Mirando algunos mapas, revistas y páginas web, aparece un cerro llamado “Guardián del Portillo” al norte del “Tres Hermanos”, sobre el cordón de Límite. Y sin pensarlo mucho, un domingo de marzo decido ir a intentarlo. Se ve medio “mucho” para hacer en una jornada saliendo y volviendo a la ciudad, pero ¡es lo que hay! El cerro tiene poco más de 4500m, pero está como a 15km del punto donde dejaría el vehículo…

Domingo a las 5:10 dejo la ciudad de Mendoza rumbo a  Las Cuevas. Una ruta con poco tráfico facilita mucho las cosas y a las 7:40 estoy desayunando al lado del peaje de la boca del Túnel Internacional. Son las 8:00 cuando me pongo en marcha. Un día espectacularmente despejado tal como lo anunciaba el pronóstico. La ruta esbozada es sencilla, caminar unos cuantos kilómetros por la hermosa quebrada de Matienzo hasta el vallecito alto lateral que conduce al cerro. Sólo apurando el paso en la caminata por la quebrada es que se puede tener chances en el ascenso del cerro.
Llegando al pie del Peñas Amarillas me alcanzan los rayos del sol. En poco más de dos horas y media paso al pie de la cascada del Potrero Escondido. No recordaba que el camino de la margen derecha era bastante más trabado que el de la margen izquierda. Quizás hubiese sido más rápido cruzar el río y manejarse por la otra margen… Hay huellas de guanaco que siguen ladeando al pie del Tres Hermanos y que dentro de todo permiten llevar un paso rápido, aunque el tramo desde la cascada se hace más largo de lo calculado. Cuando voy llegando a la altura del vallecito lateral, es bastante más tarde de lo que previsto. Y para colmo al haber venido por la margen derecha, no tengo la perspectiva necesaria para estudiar el ingreso a este vallecito. Sólo se ve un gran cono de deyección que cae por la izquierda y un tapón de morenas que descuelga sobre escalones rocosos. Y en el medio un pequeño arroyo con cascadita incluida.


Cerro Piloto y glaciar homónimo a 20km de distancia
Cajón del Cuevas frente al Potrero Escondido
Tramo medio del valle Matienzo, ya asoma el Pan de Azúcar
En la cascadita de la quebrada del Mogote
Desde la entrada del vallecito lateral, la mole del Nevado Matienzo en primer plano, el Tolosa asoma a lo lejos
Son muchas las ganas de montaña, así que a pesar del poco alentador panorama, voy ganando metros por el acarreo. Hay algunas incipientes huellas de guanaco pero lo que abunda son marcas de grandes rocas que se han desprendido de la pared que tengo sobre mi cabeza. No es un lugar muy acogedor y trato de no demorarme mucho. Al principio parece una buena opción tomar bien por la izquierda subiendo por el acarreo al pie de los paredones de roca para evitar la morena frontal y sus escalones. Pero no se ve si se puede bajar por atrás, por lo que no queda otra que acercarse a la morena, donde apenas son visibles unas huellas de guanaco. Travesía en descenso y vuelta a subir. Paso al pie de la cascadita, mientras gano metros el terreno cada vez se va poniendo más feo. Las rampas de roca asoman bajo la capa de roca suelta que baja de la morena. Mientras subo, pienso “que diferente sería este terreno en otra época del año”, una buena capa de nieve hace maravillas en estas situaciones, permitiendo avanzar rápidamente con grampones.
Desde el valle tratando de estudiar la quebrada del Mogote
Cerro Pan de Azúcar
Río Cuevas con el caudal disminuido por los primeros fríos

Unas decenas de metros más arriba me rindo a la evidencia: hoy no va a ser posible alcanzar este cerro, pero lo peor de todo es que ¡ni siquiera lo he podido ver! Estoy en medio del frente de la morena, en un terreno más feo que complicado, a 3800m y hace rato que el sol pasó por su punto más alto. Sin dudarlo mucho, bajo a grandes trancos los metros ascendidos hasta el fondo del valle. Quizás al alejarme un poco, se pueda ver algo mejor el camino para una próxima vez. Cruzo el río Cuevas, que trae poca agua debido a los primeros fríos, y hago un descanso. Desde abajo se ve un poco mejor el vallecito, que se muestra como un alto tapón de morenas que surge entre dos paredes de roca. No queda otra, habrá que volver en primavera.Descenso tranquilo gozando la quebrada Matienzo que se muestra cada vez más linda. Los inclinados rayos de sol otoñal motiva varias paradas para fotos, mientras lamento no haber traído los pinceles y las pinturas. Mientras regreso, voy pensando en todas las salidas a la montaña que uno vuelve sin alcanzar el objetivo elegido, pero nos queda lo más importante… ¡la excusa de volver a intentarlo!
Arroyo Riecillos
Flora autóctona
Mayor y Menor
Sol inclinado de otoño