jueves, 21 de febrero de 2019

PRIMERA ASCENSIÓN AL CERRO BASTIÓN, 5625m

"EL ÚLTIMO BASTIÓN" 

Ascenso al cerro más alto de la Cordillera del Agua Negra, San Juan

Tener siempre proyectos de ascensión por diferentes zonas nos permite armar “de rompe y raja” una alternativa al plan original. Y esta ascensión en la vecina provincia de San Juan surgió de esta manera. Los impedimentos burocráticos primero y el clima inestable de la zona del cordón del Tigre hicieron que nos decidiéramos por la siempre amable alta montaña sanjuanina.La idea es intentar un “cincomil” que ha pasado injustamente desapercibido por los montañistas y viajeros del paso de Agua Negra. A pesar de tratarse del cerro más alto del cordón de montañas que sirve del límite a la quebrada de Agua Negra, por donde transcurre la ruta nacional n°150, no le conocíamos ascensos previos. Desde hace diez años atrás, cuando comencé a recorrer esta zona, también detuve la vista en este cerro. Su aspecto altivo y poco tentador de largos pedreros hizo que lo fuera postergando por otros objetivos más llamativos. Con el paso de los años, fui ascendiendo el resto de las cumbres, teniendo la posibilidad de bautizar algunas, como el “Cabot”. Otras me exigieron más de un intento para alcanzarlas, como el Majadita. Pero de ésta en particular no había encontrado ningún dato concreto; sólo que cada vez me llamaba la atención por su altura y prominencia. Era cuestión de juntar las ganas necesarias para encarar esas empinadas pendientes de acarreo y sacarse todas las dudas.
Ruta de ascensión por la cara Oeste
Río de la quebrada del Agua Negra
Asado y vino, para empezar
Preparando el vivac con luna
Comenzando el ascenso
Poniéndonos a prueba
Alcanzando los 5000

Recompensa
El próximo?
El Tapado, en Chile
Sobre los 5500, las últimas pendientes
Falta menos
El Tórtolas, nuestro vigía
Recorriendo el filo cumbrero
Cumbre y pirca
  Y el momento adecuado parecía haber llegado: hace varios meses que no voy a la montaña, estoy bien entrenado y la motivación está a pleno. Mis compañeros, Sánchez & Sancho están en la misma sintonía, así que bastan unos mensajes de WhatsApp para coordinar los detalles.
El sábado 16 de febrero a las 11 de la mañana recién estamos poniendo rumbo al norte. Un día caluroso nos acompaña para cruzar el desierto entre las dos provincias y recién a las primeras horas de la tarde llegamos a “Pircas Negras” a 3800m, sitio elegido para pasar la noche. El plan es muy sencillo, al estilo de la ascensión al San Lorenzo, pernoctar a menos de 4000m y al otro día aproximar con el vehículo hasta el punto más cercano al objetivo y hacer el ascenso “en el día”. Así es que el resto de la tarde nos ponemos al día con la charla, mientras el fuego del asado se hace presente y el vino mendocino nos calienta el paladar. No tardamos mucho en enfundarnos en las bolsas de dormir, mientras la luna creciente comienza a encandilarnos.
A las 5:30AM comenzamos con los preparativos. La madrugada no se presenta muy fría y nos permite desayunar cómodamente mientras guardamos todas las cosas del vivac. Recorremos varios kilómetros con el vehículo hasta llegar a la curva del camino al pie del glaciar de Agua Negra a 4450m de altura. Nos ponemos las botas y alistamos las mochilas con suficiente líquido. A las 7:40AM partimos a encarar nuestro cerro.
El día se presenta impecable tal como anunciaba el pronóstico, aunque por la orientación de la ladera faltarán algunas horas para que nos caliente el sol. Los primeros metros le insistimos a Lito que baje el ritmo, ¡estamos a mucha altura para comenzar tan enérgicamente! Personalmente hace más de 6 meses que no salgo a la montaña y casi 4 años que no supero los 5000m, así que hoy va a ser un día interesante para ver cómo responde el cuerpo.
Al cabo de dos horas, ya nos encontramos próximos a los 5000m, luchando con la inestabilidad de los acarreos. Pero nuestra motivación es mayor así que cuando no encontramos el terreno óptimo por aquí, lo hallamos por allá…
Finalmente y poco antes del mediodía salimos al “hombro” un rellano en el contrafuerte que tomamos como vía de ascenso. Estamos a 5250m y el entusiasmo nos invade: vemos relativamente cerca el altivo filo cumbrero, por lo que nos damos un anticipo del almuerzo a modo de recompensa. Antes de llegar a este punto encontramos unas estacas de hierro oxidadas. Suponemos que son las utilizadas a modo de tensores para algún tipo de poste. Este rellano parece haber sido alguna vez un paso entre la quebrada de Agua Negra y la que está situada al norte, y estos restos el material utilizado por mineros o topógrafos. Sin demorarnos mucho y gozando de los innumerables cerros que aparecen a diestra y siniestra volvemos a retomar la marcha. Un extenso y monótono pedrero nos va haciendo ganar altura. Pero nada es lo que parece en este cerro, y a pesar que sabemos que su máxima altura está a poco más de 5600 y que ya hemos superado los 5400, aparecen uno y otro morro con pinta de cumbre que nos hacen ir desengañándonos una y otra vez.
Una vez alcanzado un morro, aparece detrás un rellano, una lagunita o un nevé, y el siguiente morro más alto detrás. Son cerca de las 2PM cuando ya parece ser que estamos encarando las últimas pendientes. Cuando salimos arriba, queda aún un largo filo. Mientras lo recorremos, en uno de los morros encontramos varias piedras apiladas, hasta este punto parecen haber llegado nuestros antecesores. Pero el punto más alto se ve aún lejos y sin dudarlo seguimos recorriendo el filo. Medio kilómetro más al Este finalmente está el punto más alto de la montaña. No hay nada más que subir, ¡nos podemos dar ese abrazo de la tarea cumplida! 

La cumbre es bastante plana y no encontramos ningún rastro de anteriores ascensos. Las rocas de pequeño tamaño nos obligan a trabajar un rato para fabricar la pirca cumbrera. También nos lleva tiempo fotografiar todo el paisaje circundante que como siempre es la recompensa de conocer lugares nuevos.
El gps después de “estacionarlo” un tiempo prudencial, marca 5625m. Sólo falta definir el nombre que proponemos para este cerro. Y entre varios, prevalece el de “Bastión” propuesto por el inagotable Lito. Para nosotros este cerro es un bastión que ha permanecido intacto como una fortificación defendiendo el punto más alto de este cordón de montañas… Una hora ha pasado desde que llegamos a la cumbre cuando recién nos disponemos a sacar las clásicas fotos de la cordada y comenzar el largo descenso. Vamos desandando uno a uno los morros y antecimas, mientras nuestra vista se pierde en los interesantes objetivos que tenemos a mano. El terreno no es tan grato como esperábamos para descender y debemos seguir poniéndole motivación a la actividad hasta el último minuto. Y concluir con la pregunta de “¿Cómo se nos ocurrió subir por acá? El entusiasmo, la energía y el frío de la mañana hacen ese cóctel explosivo capaz de encarar cualquier pendiente de rocas sueltas…hasta las más ingratas. Once horas después de haberlo dejado, volvemos al vehículo, cuando las sombras de los cerros van cubriendo el valle. Muy contentos de la ascensión realizada y el hermoso día vivido en la montaña. Solo resta descender hasta el lugar de vivac, para disfrutar de los restos del asado y brindar por esta nueva cumbre, pero lo más importante, ¡para seguir planeando las que nos faltan conocer!
Autofoto
Largo descenso
Arroyo del Glaciar del Agua Negra
Tarea cumplida, el cerro detrás

sábado, 8 de diciembre de 2018

¿COMO ENTRENAMOS LOS MONTAÑISTAS?

El montañismo como deporte es sinónimo de libertad. Quizás por ello los montañistas toman el entrenamiento para esta actividad de la forma más empírica, anárquica y desorganizada que pueden, tal como sienten “el llamado a las cumbres”. Sé que no se puede generalizar y que no todos lo hacen así. Pero en mis 35 años de práctica de este “deporte”, me he topado con muy pocos que siguen un plan organizado, ordenado y a conciencia. Y como no hay mejor análisis para demostrar esto que empezar por uno mismo, es que me decidí a escribir sobre un tema donde no soy especialista pero sí puedo aportar mi propia experiencia. Desde que alcancé las primeras cumbres de alta montaña a comienzos de mi adolescencia, entendí que era imprescindible entrenarse para poder vivir más gratamente las ascensiones en la montaña. Así fue que ya con 14 años salía a correr al Parque San Martín, en una época donde “el footing” (tal como se denominaba a trotar en esa época) estaba reservado sólo a adultos con problemas de sobrepeso (los “gorditos”), por lo que a veces era blanco de comentarios tales como “¡flaco si seguís corriendo vas a desaparecer!”. El entrenamiento aeróbico de correr me fue dando mejores condiciones para realizar ascensiones de alta montaña. La actividad en sí consistía simplemente en “salir a correr”, acumulando kilómetros y años más tarde subiendo cuestas trotando en los cerros De la Gloria y Llorón (aledaños al parque). En esos primeros años el entrenamiento aeróbico lo comenzaba en otoño, intensificando después del invierno en los meses de agosto y setiembre. Y se terminaba hacia mediados de noviembre, cuando las ascensiones en la montaña comenzaban a ocupar todo el calendario estival. La meta era simple: correr cada vez más y en menos tiempo, sin mucha más teoría que eso. Cuando a finales de los '80 el cerro Arco tuvo el camino vehicular, pasó de ser un objetivo “andinístico” para ser un objetivo de entrenamiento.
Gráfico que resume cantidad de kms corridos a lo largo de los 15 años del archivo de Excel.¡Los años pasan pero las ganas de entrenar aumentan!
Los años fueron pasando y mantuve siempre la necesidad de una actividad física permanente para estar en condiciones óptimas para “ir a la montaña”. A veces hubo períodos de mayor o menor actividad, pero el entrenamiento siempre fue un elemento presente en mi vida. En julio de 2003 comencé una “planilla de Excel” para volcar todos los datos del entrenamiento. Y desde esa fecha llevo un registro de kilómetros, tiempos, circuitos, zapatillas usadas…Años más tarde, cuando aprendí a nadar por insistencia de Cecilia, también aparecieron en la planilla los metros de natación en pileta. Esa planilla sigue siendo quince años después, el archivo donde vuelco toda la información que tiene que ver con el entrenamiento. En todos estos años, hubo momentos de mayor actividad aeróbica corriendo, otros escalando y otros períodos nadando. Lo importante fue no quedarse quieto para mantener las condiciones físicas a través de los años. Como todo montañista “libertario”, siempre fui mi propio “conejillo de indias” y sin informarme mucho del tema, siempre me manejé empíricamente, insistiendo con lo que uno cree le sirve y le gusta más. En estos últimos quince años, el “salir a correr” consistió en hacer 10km en 45 / 50 minutos, unas tres veces a la semana. Y de vez en cuando hacer algún “Arco” o cerro similar para “testear” como estamos. Dependiendo de la frecuencia e intensidad de estas sesiones de entrenamiento, me sentí en condiciones como para desarrollar el montañismo que más me atrajo, el de explorar lugares nuevos (cargar mochilas de 25 a 30kgs durante 5 a 7 días, con un día de cumbre donde se puede ir más liviano). Como la actividad de “correr” se constituyó en la base del entrenamiento, en algún momento era inevitable participar en alguna carrera. Fue así que participé en carreras de 21 km “de calle” y 21km de montaña, sin ninguna preparación previa “ad hoc”. Llegaba a las competencias haciendo los entrenamientos de siempre, buscando probar como uno se encontraba. Así fue que he logrado hacer los 21km de la Maratón de Mendoza en 1h 29min (2011).
Clásico día de entreno invernal
Elongando a pesar del frío canadiense (-20°C) 
Reconfortante panorámica de cumbre en el Gateado, clásico objetivo de carrera en montaña
El entrenar empíricamente “probando” con nuestro cuerpo hace que invirtamos tiempo y esfuerzo, a prueba y error. De esta manera no siempre lograremos el mejor resultado en el menor tiempo. A medida que pasan los años, uno va ganando experiencia, pero el tiempo (tanto el de entrenamiento como el de salir a la montaña) es cada vez menor, por lo que uno busca ser cada vez más efectivo. Este año, gracias al consejo de mi amigo Mijel, me planteé cambiar mi forma de entrenar, ¡si seguía siempre repitiendo lo mismo, no iba a conseguir resultados muy diferentes! Fue así que primero había que definir el “para qué”, o sea el objetivo. Si bien mi principal interés como mencioné más arriba es explorar zonas inexploradas de nuestra montaña, también me interesa progresar en el esquí de travesía, en la escalada en roca y participar en algunas carreras de calle o montaña. Y dado que el tiempo es escaso, uno debe elegir. Por lo que me propuse para lo que quedaba del 2018, volver a las fuentes, y buscar las mejores condiciones físicas para el montañismo de expediciones. Pero para lograr un cambio en mi rendimiento físico era necesario el asesoramiento profesional. Se necesita una persona que nos aporte una mirada objetiva y atinada de nuestras posibilidades y elabore el plan de entrenamiento necesario. De esta manera me reuní con Fede (profesor de educación física y aspirante a guía de montaña) y le conté lo que había hecho durante los últimos años y lo que pretendía mejorar. Preparó un plan de tres días de gimnasio y dos de actividad aeróbica a la semana, y el 1° de julio pasado comencé a trabajar en ello. Junto a la nueva rutina de trabajo físico, comencé a modificar mis hábitos alimenticios. El desayuno pasó de ser una infusión con “panificados”, a ser una comida fuerte agregándole huevos y frutas. Y cada sesión de gimnasio debía ser respaldada por una buena dosis de proteínas en la comida posterior. Sin suplementos, sólo comida lo más sana que la vida diaria permitiera. Los objetivos de montaña previstos ya sea por razones laborales, condiciones de la montaña o escasez de tiempo no se fueron cumpliendo como hubiera deseado. Pero el plan de entrenamiento lo fui respetando todo lo que la vida diaria me permitió. La rutina de gimnasio me hizo mejorar mucho en fuerza de piernas y tronco. El trabajo aeróbico de “pasadas”, fartlek y fondos aportaron potencia y resistencia. Una ascensión en el día con más de 2200m de desnivel en terreno rocoso y con nieve, me fue confirmando los buenos resultados de este nuevo entrenamiento.
Correr en montaña también es gozar del paisaje
La primavera en el cerro Áspero
Clásico circuito por la quebrada del Manzano (Piedra Isidris)
LOS PRIMEROS 42K
Hace un mes y medio, surge una invitación para participar en una carrera. Es así que se presenta la oportunidad de correr mi primer “maratón”, una carrera de 42km. Siempre me había tentado la idea de participar en esta distancia, pero nunca había tomado la decisión con suficiente antelación para llevar a cabo una preparación seria. Y esta vez, si bien el plan que venía haciendo no estaba enfocado en correr carreras, había un mes y medio para “redirigirlo” y adaptar el plan al nuevo objetivo. Pero estos primeros 42K no eran en una carrera “de calle” sino “de montaña”, cosa que realmente me tentaba. Me junté con Fede y me dijo: “Vos estás en condiciones de terminarla, pero para quedarte tranquilo debes probarte con 30/32km, subiendo Áspero, Arco y Santo Tomás por ejemplo”. Readaptamos las últimas semanas de entrenamiento, acentuando las rutinas de correr, haciendo varios fondos más largos. A poco menos de un mes de la competencia me probé con un “Áspero + Arco” (25km y 1500m de desnivel). El objetivo era hacer una prueba de 30km, pero se hizo de noche y no pude terminar lo indicado, aunque por las características de la actividad nos dimos por conformes. Las últimas semanas, como estaba planeado, la intensidad del entrenamiento bajó para permitir que el cuerpo se recupere.
Probandose para los 42K: Áspero + Arco, 25km y 1500m desnivel en 5hs 30min
Cruce refrescante en el km 13
Y finalmente llegó el día, por fin estaba por enfrentar el desafío de mayor distancia que jamás había hecho. Luego de varios percances físicos en las últimas semanas, que incluyeron desde un persistente resfrío, una leve torcedura de tobillo y un procedimiento quirúrgico de urgencia, había llegado finalmente a estar en la línea de largada. Con mi cuñado Pablo nos ubicamos al fondo, dejando a los que pretenden ir más rápido adelante nuestro. Somos 800 corredores los que participaremos de estos 42km de Villa La Angostura. El día se presenta frío, nublado y con pronóstico de lluvias y nevadas en la parte alta del circuito. El pueblo está revolucionado con este evento, tal como pasa todos los años desde el 2004. Todos los habitantes lo viven como una fiesta y por eso se convierte en una carrera muy especial. A las 9 de la mañana en punto largamos, con un trote suave vamos recorriendo las pocas cuadras del pueblo antes de entrar al bosque. El circuito consiste en unos pocos kilómetros planos para entrar al bosque y comenzar los faldeos del cerro “Belvedere”. Luego volver a bajar todo y comenzar un sector de subidas y bajadas para cambiar de valle. Se termina bajando hasta casi la cota del lago para comenzar la subida más grande, el cerro Bayo. Una vez en la cumbre de éste, todo es bajada. Hemos escuchado un sinfín de consejos de cómo encarar la carrera. Todos coinciden en que hay que llegar bien enteros al kilómetro 26, base de la última subida fuerte del Bayo. Ahí está el “filtro” donde se producen muchas deserciones. Para lo cual, hay que tomar “con soda” las primeras subidas del Belvedere. Durante 4km vamos a un ritmo bien tranquilos, entrando en calor y charlando. A partir de allí y ya entrando en el bosque comienzo a ir a mi ritmo y lo dejo a mi compañero que haga lo mismo. La fila india de corredores es interminable, pero cuando se puede hay que pasar al de adelante. Este tramo de subida me demora mucho más de lo planeado, pero la vista desde el filo del Belvedere es increíble y las fotos son inevitables. Después viene un descenso empinado recalienta los cuádriceps. Una vez abajo, pensás “no llevamos ni el tercio de la carrera y así ya se sienten las piernas…”. Vadeos de arroyos de agua helada son una buena terapia para los pies cansados. El terreno hasta aquí es increíble: senderos de tierra mullida, sin piedras, permiten correr muchos tramos, ¡muy diferente a los pedregales de las montañas mendocinas! Los kilómetros van pasando y uno siempre va concentrado en lo que está corriendo, no en lo que falta. Si bien llevo una pequeña mochila con 1 litro de líquido, algo de comida y abrigo, aprovecho todos los puestos de hidratación y comida. Hay que tomarse con calma el hecho de recuperar líquido y energía, ¡no estamos en el grupo de élite donde sí cuentan los minutos perdidos!
Panorámica desde el filo del Belvedere (Lago Nahuel Huapi)
Contento porque solo falta bajar...
Algunos tramos nevados en el sendero de bajada
El recorrido a través de senderos “mullidos” de tierra y material vegetal, bajo la sombra de los cohiues es un placer, a pesar de los kilómetros acumulados. El ritmo que trato de mantener es trotar en los planos o subidas suaves, correr en bajadas y caminar a paso cortito las subidas fuertes. De esta manera al cabo de 4hs y media estoy en el puesto del km 26 en la base del Bayo. Me siento muy bien, pero me tomo la cosa con calma ya que a partir de aquí viene la subida fuerte y el próximo puesto está en la cumbre a 4km y 800m de desnivel. Descanso diez minutos metiendo todo el líquido y comida que el cuerpo permita. Un tramo casi plano nos deja en la base del “Raizal II”, la famosa subida “colador”. Llegados a este punto, sacamos a relucir el oficio “andinista” y nos programamos con un paso cortito del largo del pie. De esta manera seguimos “apilando” gente, que insiste en hacer pasos largos aunque esto les obligue a parar a tomar aliento en cada recodo del camino. El terreno es perfecto: un sendero empinado pero sin piedras dentro del bosque. Unos 400m más arriba el terreno cambia, desaparece el bosque y en poco más también la vegetación achaparrada. Sigue un terreno arenoso y de subidas más suaves. Aquí el viento y los copos se hacen presente de a ratos, aunque las nubes se abren y permiten gozar del espléndido paisaje. Unos zigzags del camino más arriba comienza el terreno nevado, una de las imágenes icónicas de la carrera. Sigo apurando el paso, pasando gente en la nieve. Para muchos participantes de la carrera, el transitar estos terrenos y estas pendientes es algo nuevo y se nota al verlos titubear. Esta carrera se ha vuelto famosa y los últimos años ha crecido mucho la cantidad de participantes. Y muchos de ellos son personas con poca experiencia en terrenos agrestes. A las 5hs 45min de carrera alcanzo la cumbre del cerro. Aquí, como buen andinista que se precie de tal, saco el teléfono y tomo una panorámica 360° ¡la vista es increíble!. Unos metros más abajo hay un puesto de hidratación, donde me tomo unos minutos para recuperar antes de emprender la bajada y los últimos 12km. El pueblo se ve hermoso desde aquí arriba; pensar que en poco rato debemos estar abajo nos recuerda que todavía la cosa no termina, aunque los más difícil ya es historia.
Panorámica desde el cerro Bayo hacia el Oeste
Unos metros de descenso un poco más técnico, a través de rocas y arena, nos lleva a un sector más sencillo donde podemos correr a más velocidad. El descenso hay que hacerlo corriendo todo lo que uno pueda, a diferencia de lo que uno hace generalmente en la montaña, donde uno cuida rodillas y prioriza la seguridad. Aquí el terreno “amable” permite ir corriendo todo el tiempo, variando la velocidad de acuerdo a la pendiente. En una hora realizo los 1000m de descenso hasta llegar a la ruta, desde aquí sólo quedan unos 3km planos hasta la llegada. Me sorprendo de sentirme entero, sin dolores y con capacidad para poder haber ido “apurando” desde el km26. Y es aquí donde uno ve la diferencia entre haber entrenado siguiendo un plan o hacerlo empíricamente… Una de las características de la carrera es que en el dorsal con el número aparece tu nombre. De esta manera, podés sentir el aliento de gente que no conocés y que te llama por tu nombre de pila. Y eso en medio del esfuerzo reconforta y a muchos le aporta es granito de te hace sentir acompañado. En un tramo del bosque, una persona integrante del equipo organizador y que estaba apostada en un recodo del camino me grita “Vamos Pablo que ya la tenés”. El corredor que estaba atrás mío me dice “que bueno el aliento de un amigo en esta trepada”. Yo le contesto: “no lo conozco, leyó mi nombre en el dorsal…” Aún no se había dado cuenta del interesante detalle de la organización. Así es que cuando uno va entrando al pueblo, después de muchas horas de esfuerzo, recibe el cálido aliento de muchas familias a lo largo de las pocas cuadras hasta el arco de llegada.
Panorámica desde el cerro Bayo hacia el Este
Misión cumplida
Con mi hermana, apoyo incondicional para cumplir un sueño


Y finalmente termina, esa distancia que parecía lejana ahora ya es conocida…y aparece inmediatamente ese pensamiento que alguien me dijo las últimas semanas: “ya cuando la corras, vas a querer probar más, 50km y así…” Puede ser, porque en definitiva este tipo de desafío comparte algunas cosas con el montañismo, como es el ir conociendo tus límites e ir corriéndolos más allá de lo que estamos acostumbrados. Lo importante ahora, es que después de estos meses de entrenamiento, ¡uno queda preparado para la temporada de montaña!

CONCLUSIONES
Aunque al montañismo a veces se lo rodee de un “halo místico” por quienes lo practican ya que lo consideran mucho más que un deporte, no deja de ser una exigente actividad que requiere un excelente estado físico y capacidad técnica.
El entrenamiento para la práctica del montañismo (englobando en este término todas sus variantes: ascensiones en altura, escalada técnica en paredes de roca y hielo, esquí de travesía, etc) es sumamente complejo ya que exige diferentes grupos musculares y capacidades a desarrollar.
La mejor forma de entrenar para realizar montañismo es justamente realizando la actividad, es decir, subiendo montañas. Pero cuando no disponemos el tiempo suficiente para hacerlo, es cuando sobreviene el problema.
Si queremos lograr verdaderos progresos en la actividad, deberemos plantearnos seriamente el tema del entrenamiento. Además de informarnos sobre el tema, leyendo todo lo que se cruce en nuestro camino, es ideal poder contar con un profesional que nos asesore para optimizar tiempo y recursos.
Salir a correr, sin un plan serio detrás, seguramente es mejor que no hacerlo, pero debemos saber que hay opciones más planificadas que nos darán mejor resultado.
Por último para los montañistas que quieren correr alguna carrera, seguramente se verán bastante bien preparados ya que por la actividad desarrollada se cuenta con una buena base aeróbica.
Por el contrario, los corredores que deseen practicar montañismo, deben saber que cuentan con una buena base aeróbica. Pero al carecer de experiencia de montaña, deben realizar la preparación específica para la actividad, realizando cursos de capacitación a cargo de instructores profesionales.

miércoles, 22 de agosto de 2018

PICO LEGENDARIO 4382m

Una nueva cumbre en el extremo sur del Tigre








A veces transcurren años, sí, años, antes de poder cerrar una “historia” con una cumbre. Y no es que se trate de grandes proyectos de escalada, sino justamente al contrario, son de esas pequeñas historias que por estar siempre ahí, nos mantienen atentos para alcanzarlas. Este pico hace casi 30 años lo ví por primera vez, cuando comencé a explorar la quebrada Colorada. Comenzaron a ser la silueta de montañas que teníamos de fondo cuando transitábamos esa quebrada. Pasó el tiempo, y no solamente los cerros más altos me fueron llamando la atención, sino todos, hasta aquellos que pasan desapercibidos para muchos que recorren la ruta a Chile. Hace unos cuantos años atrás, cuando ya estaba en proyecto el libro 50 cumbres, con Lito Sánchez vinimos a intentarlo un fin de semana. Pero no tener claro por donde acceder a la entrada de la quebrada del arroyo Del Sargento, nos hizo decidirnos por ir a Las Cuevas, ascendiendo al día siguiente el Titán por nueva ruta. Y desde ese momento los dos supimos que algún día debíamos volver a subirlo. El pico está ubicado en el extremo sur del cordón del Tigre, entre el Juan Pobre y el Peñón Rajado. Su perfil más definido que su vecino más meridional, me hizo pensar más de una vez de que si no se trataba de la verdadera ubicación del Juan Pobre. Es más, cuando en julio de 2012 alcancé esa cima, me quedé con las ganas de continuar recorriendo los kilómetros de filo que me separaban hasta el misterioso pico. En mayo de 2017 hicimos un épico intento con Lito y Heber. Luego de ascender penosamente abriendo huella en nieve reciente, nos rendimos a la evidencia de que ese no iba a ser el día: el sol se ocultaba en el horizonte y aún nos separaban 200m de desnivel a la cima. El fin de semana pasado bastó una llamada de Lito para volver a intentarlo. Ya había pasado suficiente tiempo desde el intento anterior para poder olvidar el esfuerzo y los dolores que dejan esos regresos nocturnos… Y esta vez Cristian Sancho, Crispo, es el tercer integrante de la cordada. Armar la mochila en menos de media hora y con los últimos rayos de sol de la víspera del feriado estamos en camino hacia la quebrada Colorada. Justo ahí en la entrada dejaremos el auto como en la vez anterior. Pero esta vez pensamos hacer acuse de recibo de la experiencia anterior y pensamos vivaquear allí para poder arrancar de madrugada. La noche fría no nos acobarda para que hagamos el asado que traemos bien regado por un buen vino, ¡así da gusto prepararse para los desafíos! Tarde nos acostamos mirando las estrellas mientras el reloj ya descuenta el tiempo para las 5am. Finalmente a las 6:20am estamos en marcha haciendo el intrincado recorrido para acceder a nuestra quebradita. Dado que nuestro objetivo está del otro lado del río Mendoza, debemos cruzar por el puente de la ruta internacional para luego bajar al lecho del río, costear y sortear los pilares del puente y así evitamos tener que vadearlo. Y luego queda una caminata de 2km hasta la puerta de la quebrada. Las luces del día van ayudando a entender mejor el camino que recorremos una vez que estamos en la quebrada. Una madrugada particularmente fría nos mantiene en movimiento continuamente y paramos sólo para tomar unos tragos de té caliente. Venimos más pesados de lo que hubiéramos deseado, pero las complicadas condiciones de la montaña en este invierno de escasa nieve nos obliga a cargar el equipo que creemos necesitaremos. Cristian se decidió a traer los esquíes para realizar quizás uno de los primeros descensos en el cordón del Tigre. Y con Lito cargamos las raquetas de nieve que nos permitan ir más rápidamente que la vez anterior. Más de tres horas nos toma alcanzar el límite de la nieve, que nos permita descargar algo nuestras mochilas. El sol aún no nos alcanza: nuestra quebradita está protegida por altas paredes que nos arrojan sombra por un buen rato.



Como a 3200m hacemos un descanso al sol y viendo que estamos cerca del mediodía comienzo a preocuparme sobre el éxito de nuestra ascensión. El terreno no nos ha permitido subir al ritmo que había estimado y temo que nuevamente el objetivo se nos escape de las manos. Pero desde aquí la nieve empieza a estar más consolidada y nos permite ganar nuevamente metros en poco tiempo. Apuro el paso y encaro directamente al col por el cual bajamos la vez anterior. Las raquetas me permiten avanzar sin titubeos y busco los tramos de nieve venteada para evitar enterrarme. Son más de las 3pm cuando Cristian nos sugiere que sigamos a nuestro ritmo hacia la cumbre, dado que prefiere guardar “piernas” para realizar un controlado descenso en esquíes. Así después de chequear las radios, quedamos en “QAP” (con las radios abiertas, escuchando si el otro nos necesita).
Nos vamos acercando a la base de la pala que conduce al col, buscando el punto óptimo para alcanzar el filo. Éste presenta pequeñas cornisas que nos hacen estar atentos, pero la escasa nieve acumulada hace prácticamente nula las posibilidades de desprendimientos. Así y todo apuro el paso en este tramo y son las 4:10pm cuando no sin luchar con la cornisa logro salir al filo. Allí espero a Lito que viene un poco más atrás. Es el máximo punto alcanzado hace más de un año atrás. Cuando llega mi compañero, nos comunicamos con Cristian y le informamos que continuaremos rápidamente a la cumbre, esta vez no dejaremos que se nos escape! Cristian nos comenta que se apresta a comenzar a descender luego de haber derretido nieve y tomado algo caliente.Desde aquí estimamos que nos quedan unos 200m de desnivel que pretendemos hacer en unos 40 minutos. El terreno firme, sin nieve y numerosas huellas de guanaco facilitan la tarea y vamos ganando metro a metro la cumbre. A las 5:15pm estoy llegando al punto más alto, asombrándome que no hay ningún rastro humano aquí. A pesar de ser una vistosa cumbre visible desde la ruta, este pico aún esperaba que alguien lo visitara. Mientras veo a Lito acercarse aprovecho a tomar panorámicas, medir con el gps y levantar la pirca. Y una vez más nos encontramos con la tarea de dejar nuestro testimonio y denominar de alguna manera a esta cumbre “innominata”. Lito viene con la tarea ya preparada y entre varias alternativas no dudamos en elegir “Legendario”. Alcanzar este viejo objetivo por el único e intrincado recorrido ha sido más bien de “leyenda”…

Son las 5:45pm cuando nos programamos para comenzar a perder metros... más de dos mil metros de desnivel nos separan del auto. En pocos minutos estamos en el col y destrepamos con atención los primeros metros. Más adelante podemos imprimir más velocidad haciendo una carrera a la noche. Pero la luna creciente aparece y no todo son penurias en el descenso. La quebrada nos exige una gimnasia continua de saltar de piedra en piedra hasta el último metro. Son las 11:30pm cuando vamos llegando al valle del río Mendoza. Aún falta el gran rodeo para evitar el cruce del río y por fin una hora más tarde nos encontramos con Cristian en el vehículo. Allí una picada con los restos del asado de la noche anterior nos va reponiendo de las 18 horas 9 minutos de actividad ininterrumpida…Por unanimidad decidimos vivaquear nuevamente aquí para regresar más enteros por la mañana. “Una cumbre más, una cumbre menos”, me recuerda Lito sobre lo que le comenté en una de las ascensiones a las “50 cumbres”. Y así es como uno se siente cuando va cerrando historias con las cumbres…