jueves, 3 de abril de 2014

"50 CUMBRES"


LAS CUMBRES
El viento las castiga sin descanso desde tiempos inmemoriales. El hielo y la nieve las cubren todos los años dejando huellas de su paso en ellas. Derrumbes, temblores y terremotos también le van cambiando lentamente su fisonomía.
Una fue elegida como adoratorio por los antiguos habitantes, quienes habían trazado un camino jalonado de refugios en la cordillera. Otras, por su llamativo perfil geológico o posición dominante llamaron la atención de científicos exploradores. Algunas fueron objetivos de militares dada la cercanía al regimiento ubicado a sus pies. Otras, aunque figuran desde hace décadas en cartas topográficas del Instituto Geográfico Militar, sólo fueron visitadas un puñado de veces por los deportistas en toda su historia. Y unas pocas quedaron sin ascensos esperando la visita de algún montañista.
Estas 50 cumbres forman parte del paisaje del camino que une Argentina y Chile a través del paso Cristo Redentor. Miles de personas que transitan por la ruta todos los años las observan embelesados por sus colores y formas. A pesar de su cercanía a la ruta y a las villas de montaña, son eclipsadas por las figuras principales de este acto que se desarrolla en el corazón de la cordillera. El Tupungato, Tolosa y Aconcagua constituyen el plato fuerte de este festival de cumbres. De los “actores de reparto” poco se conoce; de unas pocas solo el llamativo nombre que hace alusión a su fisonomía o a algún personaje de la historia del lugar.
Estas “pequeñas” cumbres de la cordillera, que rondan los 4000m de altura, son el objetivo de este libro. Han permanecido hasta hoy en un segundo plano, siendo algunas visitadas como aclimatación o entrenamiento. Inmerecidamente no había aún un libro que hablara de ellas. Esta guía busca dar a conocer información básica de cada una: características principales, toponimia, altura, ubicación y datos necesarios para intentar su ascenso.
EL LIBRO
Hace quince años, cuando comencé a buscar cumbres que no conocía y que pudiera ascender en uno o dos días desde la ciudad de Mendoza, lejos estaba de pensar en la edición de una guía de ascensiones. En aquel tiempo todo se reducía a elegir una cumbre sobre la ruta a Chile y concentrar los esfuerzos para subirla en un día del fin de semana. Y una vez logrado ese objetivo inevitablemente estudiar el próximo gracias a las fotos tomadas desde la cumbre.
Este montañismo de “fin de semana” me daba la posibilidad de estar activo todo el año, entrenado y aclimatado para realizar ascensiones de mayor duración cuando la oportunidad se presentase. Muchas de estas cumbres plantean desafíos similares a cerros más altos, ya sea en lectura de la ruta de ascenso, desnivel, dificultad técnica, sobre todo si el ascenso se realiza en invierno o primavera.
Hace cuatro años, la idea de la guía comenzó a tomar forma. El estudio sistemático que había ido realizando casi sin querer, podía servir de base para presentarlas como un objetivo en sí mismas.  De esta manera, lo que había comenzado casi como un juego, terminaba siendo un exhaustivo estudio de cumbres accesibles de Mendoza. Paralelamente a través del blog esta idea había sido de alguna manera “ensayada”, relatando vivencias personales para que otros también puedan ir conociendo las posibilidades que guarda nuestra cordillera.
Es intención de esta guía que las cumbres reseñadas sean la excusa para volver una y otra vez a recorrer todos los rincones cordilleranos. Pero también habrá cumplido su objetivo si puede convertirse en lectura de los amantes de la naturaleza que, aunque no escalen montañas, busquen conocer más detalles de nuestra cordillera.
Por último, existe un deseo irrefrenable para un amante de las montañas y es querer compartir lo que es el desvelo de sus sueños. Pero este deseo muchas veces choca con la preocupación que surge al saber que el lugar inevitablemente será visitado por un creciente número de personas. En esta contradicción termina ganando la batalla el amor a las montañas y las ganas de compartirlo. Sólo queda confiar en el responsable comportamiento de los montañistas que las visiten para que las próximas generaciones también las puedan disfrutar de la manera más natural posible.

NOTA 1: Para obtener información sobre presentaciones del libro, lugares de venta y otras actividades, hacer click en el siguiente link: 50 Cumbres / Pablo David González

NOTA 2: se ha agregado una nueva etiqueta, "50 cumbres", para buscar en los relatos de ascensión, aquella cumbre que ha sido incluida en el libro.

miércoles, 12 de marzo de 2014

OLIVARES CENTRAL ó DE LA MAJADITA 6269m

EN LA CUMBRE DE LA TERCERA MONTAÑA MÁS ALTA DE SAN JUAN

El Olivares Central ó De la Majadita, con sus 6269m constituye la tercera montaña más alta de la provincia de San Juan luego del Mercedario (6720) y La Ramada (6359). Por su ubicación a pocos kilómetros de la ruta nacional n° 150 que lleva al Paso Agua Negra, constituye el "seismil" más accesible de esta provincia, aunque no sea tan conocido o visitado como fuera de esperar. 















3° INTENTO Y ÉXITO AL FIN, MARZO 2014. 

Siempre se dice que la tercera es la vencida y este caso no es la excepción. En diciembre de 2008 había hecho el primer intento junto a mi hermano Federico. Tomando una ruta equivocada, había alcanzado los 6000m en el filo norte del cerro pero a más de 2km de distancia de la cumbre. En octubre de 2013 junto a Mariana Gallego y en condiciones casi invernales quedamos a poco más de 100m de desnivel de la cumbre. La idea de regresar al Olivares Central estaba presente desde comienzos de año. Y varios amigos eran los que se habían anotado para cuando volviera para el gigante sanjuanino. Finalmente el grupo quedó conformado con Gerardo Izco, Sebastián Spinelli y Diego Cavassa.
Luego de una rauda aclimatación en Vallecitos que consistió en una caminata hasta el campamento El Salto (4300m), partimos el jueves 6 de marzo a las 6:30AM rumbo a San Juan. Minutos antes de la 1:00PM ya estábamos en Pircas Negras (3750m), lugar donde comienza la aproximación a nuestro objetivo. En ese lugar hicimos una parada para almorzar y tomar un poco de aire...Una hora más tarde continuamos en camioneta hasta el paso de Agua Negra, ubicado 1000m más arriba. Allí dejamos el vehículo y experimentamos la extraña sensación de comenzar a caminar a semejante altura a pocas horas de salir de la ciudad. Enfilamos hacia la evidente cumbre rojiza ubicada al norte del paso. Caminando lentamente al comienzo y luego a un paso más normal vamos ganando altura. En poco más de una hora llegamos arriba. Una pequeña pirca esconde una lata de dulce con el testimonio de cumbre. Se trata del cerro “Gabriela Mistral” de 5051m, y nuestros antecesores, oriundos de San Juan, lo visitaron hacía pocos meses. Abrazos, felicitaciones, fotos y partimos hacia abajo. Terminada la segunda etapa de la veloz aclimatación, nos subimos al vehículo para volver a Pircas Negras a pernoctar. Una hora más tarde estamos disfrutando de la tranquilidad de la tarde, preparamos el lugar de vivac en un pircado existente y el fuego del asado concita nuestra atención. Un ir y venir cuchillo en mano da cuenta rápidamente de lo existente en la parrilla, y momentos más tarde ya estamos refugiados en nuestros sitios de vivac.






























Al día siguiente, comenzamos a movernos recién cuando nos da el sol. La caminata de aproximación hasta el lugar de campamento es corta, así que nos tomamos los preparativos con mucha calma. Recién cerca de las 11 de la mañana estamos encarando las abruptas pendientes que nos llevan al interior de la quebrada San Javier. Marchamos a buen paso, todos entusiasmados hacia nuestro objetivo. Los chicos gozan de los paisajes por primera vez, yo los vuelvo a disfrutar una vez más. En 3 horas y media estamos en el mismo sitio de campamento utilizado meses atrás, a 4450m. Inmediatamente nos ponemos a trabajar fabricando una terraza más, para emplazar una de las carpas que llevamos. Y en poco tiempo más estamos refugiados del fuerte sol sanjuanino, que nos hace olvidar que estamos a más de 4000m. Con charlas y picadas va pasando la tarde. Recién cuando el sol se oculta me digno a salir de la carpa y continuamos conversando sobre las motivaciones que genera la montaña: escribir, dibujar, pintar; mientras el sol va enrojeciendo la cumbre de “El Arenal” (5424). Pronto nos ponemos con la cena y a las 9PM estamos en nuestras bolsas de dormir, quedan pocas horas de descanso, la alarma está puesta a las 3AM. La noche no es lo tranquila que esperábamos y unas ráfagas de viento nos hacen preocupar.



















A las 3:15AM Seba me pega un grito, no escuché el bendito reloj. Rápidamente nos ponemos con los preparativos. A las 4:30AM estamos en marcha, atravesando la negrura de la noche siguiendo el pequeño arroyo, tal como lo hice la última vez. Pero hoy el paisaje se presenta diferente, sin hielo o nieve cubriendo todo. Y a poco de andar nos encontramos con la primera dificultad: una pequeña cascada nos obliga a subir empinados acarreos. Volvemos a bajar al arroyo y continuamos subiendo hasta que metros más adelante volvemos a tener que escalar un pequeño resalte rocoso de no más de 4m. Y más adelante se ve que la quebradita vuelve a cerrarse…Para evitar otro escollo más, sin dudarlo nos montamos en los empinados acarreos que nos llevan al filo que está al Este. La vez pasada ya había explorado este filo, siendo la opción B para llegar al pie del glaciar. Una vez arriba, continuamos a paso forzado buscando recuperar los preciosos minutos perdidos. A las 6AM, y aún en plena oscuridad estamos topando con la pared vertical del glaciar. Aquí debemos bajar hacia el Este, y remontar el lateral del glaciar. En lugar de aquella empinada pendiente nevada, hoy bajamos por un ingrato acarreo, mientras vamos pensando en lo que nos costará volver a subirlo en el regreso. Una vez abajo, saltamos de piedra en piedra, esquivando el arroyo helado mientras vigilamos por el rabillo del ojo la alta mole de hielo que tenemos a nuestra derecha. Más arriba optamos por subir por una morena lateral que nos hace ahorrar energías. Cuando ésta se termina debemos volver al límite entre el extenso pedrero y el glaciar, que aquí va perdiendo altura. El sol ha ido iluminando las altas cumbres, pero todavía falta mucho para que nos alcance. Así que debemos seguir subiendo sin perder tiempo para no tener frío. A 5400m, siendo las 9:30AM,  Gerardo nos comunica su decisión de volverse. Nos comenta que no puede mantener el ritmo de ascensión que llevamos y que es mejor que no nos retrase. Se siente algo cansando de la actividad de días pasados, de la cual no ha podido recuperarse al 100%.  No me gusta la idea de separarnos, pero Gerardo prefiere volver ahora que está en perfectas condiciones y con la capacidad para rehacer solo el camino al campamento. Mientras lo vemos alejarse, seguimos avanzando los tres en la parte quizás más aburrida de toda la subida: la gran curva del glaciar. Este tramo nos lleva más tiempo que el que quisiéramos, debiendo faldear en los acarreos para alejarnos del glaciar. Éste presenta un hielo duro muy peligroso en caso de caída, situación que queda demostrada al caerse un bastón de Seba y que vemos deslizarse rápidamente hacia la "olla" central. A cada paso recuerdo el ascenso de la vez pasada y las diferentes condiciones que hoy encuentro tanto en el terreno como en el clima.
El buen tiempo reinante nos permite realizar las necesarias paradas para comer e hidratar y poder continuar a buen ritmo, a diferencia de la vez anterior. Una vez superada la gran curva, vuelvo a reconocer el perfil característico de lo que puede ser la cumbre. Y tomamos en línea recta hacia un punto en el filo ubicado al Este de la cumbre. 
Seguimos marchando concienzudamente, tratando de no malgastar energías y solo parando lo mínimo para comer y beber. Al principio especulábamos en llegar a la cumbre cerca de las dos de la tarde, pero el tiempo va pasando y las distancias son enormes. En este cerro, el desnivel a la cumbre no es el único parámetro a tener en cuenta, sino el recorrido horizontal, dadas las características de la extensa montaña que es. Minutos antes de las 3PM estamos sobre el filo somital, asombrándonos con la vista al Este. No hay duda que la cumbre se encuentra a nuestra derecha, y sin detenernos nos ponemos a trepar los últimos metros.

Panorámica con zoom hacia el Sur
Alcanzada la primera punta, se ve algo más alto atrás. Seguimos y volvemos a encontrar otra más alta al Suroeste. Un poco más y vemos el peñón con el palo que señala el punto más alto. Marchando los tres juntos recorremos los últimos metros. Diez horas y media después de haber dejado el campamento alcanzamos la cumbre. Muy contentos, nos abrazamos y comenzamos inmediatamente con las clásicas tareas. Mientras pongo el gps a medir y saco fotos, los chicos buscan el testimonio anterior. Y lo encuentran en un pequeño tubo plástico. En el mismo, un papel dejado en el 2005, nos hace pensar que la gente que llega hasta aquí no deja nada de su ascenso o ¡no ha buscado bien! La media hora se pasa volando mientras tratamos de grabar la increíble visión a 360° que tenemos desde aquí. Después de las fotos grupales de rigor, dejamos guardada en el tubo la bandera argentina que llevamos y comenzamos el descenso.
Panorámica hacia Oeste y Norte
Son las 3:30PM y tenemos un largo camino hasta el campamento. Para evitar los tramos más ingratos al borde del glaciar, optamos por ladear acarreos a más altura. De esta manera alcanzamos el glaciar un poco más arriba que la morena lateral. De todas maneras, no podemos evitar algunos sectores que son una tortura: hielo cubierto por tierra o arroyos semicongelados. Vamos superando cada tramo, concientes del largo camino que tenemos por delante. La morena lateral nos permite apurar el paso y cerca de las 7:30PM estamos alcanzando el pie del glaciar. Allí subimos por los empinados acarreos, quemando las últimas energías. Una vez nuevamente sobre el filo, comenzamos una carrera contra la noche, que ganamos con margen suficiente para alcanzar el campamento a las 8:20PM, 15hs y 50min después de haber salido. Muy cansados, nos sentamos a conversar con Gerardo, mientras recuperamos el aliento. No demoramos mucho en ponernos a cocinar y entregarnos al sueño. Este cerro nos exigió bastante y ahora lo sentimos.
Hacia el Este el valle de Iglesia
Cerro Agua Negra 
Descenso de la cumbre
Sobre la morena lateral






























Una noche tranquila de descanso da lugar a un ventoso amanecer tal como lo preveía “windgurú”. Y con todo el tiempo del mundo tomamos el desayuno mientras la conversación navega en temas como entrenamiento, meteorología o estrategias de ascensión. Recién a las 11:15AM estamos con las mochilas a cuestas rumbo al vehículo. Mientras recorremos la quebrada vamos planeando una reunión con amigos para compartir la experiencia de esta hermosa cumbre...y también de los próximos objetivos en la cordillera sanjuanina...
Despertar ventoso en el campamento
El equipo durante el regreso


domingo, 24 de noviembre de 2013

PICO VIVI LOTFI 5264m

ASCENSIÓN DE UNA CUMBRE VIRGEN EN EL CORDÓN DE SANTA CLARA

ENGLISH SUMMARY
In the heart of Central Andes, there are some “blank” zones almost ignored by mountaineers. A long and complicated approach by narrow ravines doesn't catch the attention of most of the climbers. Santa Clara Range is one of those solitary and less visited areas. Situated at southern La Jaula Massif in Cordillera Frontal of Mendoza, Santa Clara Range still houses unclimbed peaks some of which are above five thousand meters. I have been exploring La Jaula Massif during the last twenty five years. By 2013 it was the turn to Santa Clara Range. Along with Lotfi Mijel a lifelong friend and a great mountaineer, we shared a unique reason to go there. As well as exploring the unknown region, we wanted to reach the summit of a unclimbed snowy peak in honor of Mijel's sister, Vivi, who died in 2012 after battling a long and painful illness. Vivi was a mountain lover, too and a passionate of nature. She was one-of-a-kind person who enjoyed traveling, and knowing people and cultures around the world. Our expedition began in Punta de Vacas, a little village by side the international route between Argentina and Chile. On November 9th, we approached by Tupungato River Valley, walking along 20km. The weather changed by the second day, as announced by the forecast, and it was snowy and windy. That same day we crossed the mighty Tupungato River and then started the ascent by Del Salto Ravine. By the third day we passed over 3600m and, after crossing moraines and snow patches, we reached 4350m where we established the camp 3 at the foot of the chosen peak. The weather changed again, this time for better, and we got the weather window we were waiting for. We started the summit day at 7:30am, climbing a 40° snow slope. We chose to approach the summit from the southwest edge in order to avoid the bad conditions of the south glacier. The maximum difficulty was 45° snow until we reached the ridge. Then we continued by the ridge until the summit. As we had expected, we found no traces of previous expeditions all along the route nor either on the summit. We named it “Vivi Lotfi Peak”, and we left a map with the route in a little cairn. A magnificent landscape of mountains caught our attention for almost one hour.  The descent was by the North side to avoid the dangerous conditions of snow slopes, but we forced to make a long lap to reach the camp again. The last two days we made a very hard descent by Del Salto Ravine and Tupungato River Valley. The Tupungato River crossing was risky because the flow has increased after the sunny days. We finished this ascent just at the end of the better season for climbing in this remote area. A big steak with fries at Uspallata village was the reward for the very hard last day of the expedition. Now there is a new peak in the heart of Andes and is called “Vivi Lotfi”.
VISTA DEL PICO VIVI LOTFI DESDE LAS NACIENTES DE LA QUEBRADA DEL SALTO

La provincia de Mendoza posee extensas regiones de montañas sin presencia humana, donde aún permanecen sin ascensos un buen número de cumbres de más de 5000m. Luego de explorar el Macizo de la Jaula comenzaron a llamarme la atención los cerros ubicados más al sur en el cordón de Santa Clara. En realidad no se trata de un solo cordón sino de un “ramillete” de cordones que dividen diferentes quebradas y que tiene un origen común en la englaciada área al suroeste del Nevado Excelsior. En uno de esos cordones había detectado algunos cerros y picos de los cuales no tenía antecedentes de ascensiones y que parecían interesantes objetivos. Con Mijel Lotfi teníamos un motivo más que importante para hacer una expedición a la zona. Queríamos subir una cumbre virgen en honor a Vivi, su hermana y mi amiga, que falleció el año pasado luego de luchar contra una larga y dolorosa enfermedad. Sabíamos que una cumbre en esta remota e intacta región de los Andes sería una especial forma de homenajear a Viviana, una amante de la naturaleza y viajera incansable que gozaba de conocer nuevas culturas y gentes.
MAPA DEL MACIZO DE LA JAULA Y CORDÓN SANTA CLARA
La expedición comenzó el sábado 9 de noviembre, cuando dejamos el auto en Punta de Vacas y luego de saludar a Don Ibaceta, nos pusimos las mochilas de 28 kg de peso. Eran las 11:30 y a un paso más que rápido para la carga que llevábamos enfilamos por el camino que se interna por el valle del río Tupungato. El plan trazado en Google Earth se veía muy sencillo, aunque después la realidad se encargaría de mostrar todos esos “detalles” redondeados de ese mundo virtual. Había que recorrer el valle del río Tupungato hasta enfrentarse a la quebrada Del Salto, a unos 22km al sur de Punta de Vacas. Allí cruzaríamos el río, aprovechando que se abre en muchos brazos y después nos internaríamos por el citado afluente, recorriéndolo hasta las nacientes. Nuestro objetivo era una hermosa cumbre de más de 5200m, la más alta del cordón que divide la quebrada Santa Clara de la quebrada Del Salto, y que posee un importante glaciar. Así esbozado, el plan era sencillo y lo único que generaba un poco de incertidumbre era como sería el cruce del río. En dos horas pasamos de largo por el refugio Río Blanco, el primero de una serie de refugios que construyó el MOP (Ministerio de Obras Públicas) en el año 1937, y que aún después de tantos años siguen perfectamente en pie. Hemos recorrido casi como 10km a muy buen paso para la pesada carga que llevamos. Pero esto es solo el aperitivo del primer día, ya que el “crux” es un pasaje escarpado que se haya antes de llegar a Chorrillos. Dicho pasaje, hace un siglo atrás, obligaba a los primeros exploradores a desviarse por el río Blanco al Oeste, remontar un alto portezuelo desde la quebrada del Potrero Escondido y luego bajar hasta la quebrada Chorrillos. Un larguísimo rodeo para sortear la pared rocosa que desploma verticalmente sobre el río. Hoy los pobladores de Polvaredas y Punta de Vacas que transitan la quebrada lo hacen sólo de abril a octubre, cuando el río está bajo y les permite cruzar a caballo en cualquier sector. A nosotros nos habían comentado que hace poco tiempo habían colocado un cable de acero fijado con “bolts” a la roca en la famosa pared rocosa. Así que íbamos preparados con algo de equipo para realizar este pasaje.
En Punta de Vacas, listos para partir
Comienza un largo camino de aproximación
Parada obligada para tomar una foto al Cerro Juan Pobre
Acercándose a la entrada de la quebrada Santa Clara
























El día que se había mostrado soleado en la mañana, fue volviéndose gris, tal como lo auguraba el pronóstico. Nubes de viento terminaron de poblar el cielo y para cuando llegamos al escarpe rocoso, a las 5 de la tarde, el viento frío nos obligó a abrigarnos. A primera vista no se alcanzaba a ver el final de la travesía, sólo que se iba poniendo cada vez más vertical. Este pasaje no sería nada sin mochila, pero los 28kg que cargábamos nos hacían dudar. Con el casco puesto, cámara guardada en la mochila y asegurado al cable con un mosquetón de seguro, nos pusimos a realizar la travesía. Al principio parecía todo bastante sencillo, aunque los movimientos de escalada con semejante peso en la espalda siempre son una tortura. Pero mirar hacia adelante y ver que el cable rodea una “panza” de roca donde no hay muchos lugares donde pararse nos empieza a inquietar. Vamos avanzando simultáneamente y aprovechamos los anclajes para descansar cuando debemos cambiar el mosquetón. Así vamos sorteando esta “vía ferrata”, apurando los últimos tramos que nos dejan sin fuerza en los abdominales, por la mochila que nos tira hacia atrás. Sorteado el paso, guardamos el equipo de escalada en la mochila y volvemos al mismo ritmo veloz que traíamos. Todavía estamos lejos del refugio Chorrillos, lugar elegido para dormir en la primera noche. Un cruce en las aguas heladas del arroyo Chorrillos nos hace apurar para llegar al refugio, aunque éste parece no acercarse más. A las 7 y media de la tarde, ocho horas después de salir de Punta de Vacas estamos refugiándonos del viento en esta vieja construcción. Leyendas que pueblan las paredes interiores nos entretienen un rato, hasta que nos vamos a buscar agua al río. No queda otra que esperar que la barrosa agua del río Tupungato decante antes de poder tomarla. La temperatura va bajando, las ráfagas de viento ya traen algunos copos de la nevizca que parece instalarse en las altas cumbres y nosotros temprano ya estamos dormidos.
Travesía sobre el escarpe rocoso
La mochila de 28kg no ayuda...
A lo lejos aparece el refugio Chorrillos

A tomar agua turbia!
























A la mañana siguiente, ya se ve el producto del mal tiempo: la nieve cubre todo a partir de los 3000m y el fuerte viento nos castiga con algunos copos. Nosotros debemos poner las mejores ganas para cruzar el río con este clima. Por suerte el agua viene más limpia que en la tarde anterior, así que a unos metros del refugio nos metemos al agua y cruzamos. En la parte más profunda no nos llega a la entrepierna, el problema es la temperatura del agua que es realmente baja y “duele” bastante. El río es tan ancho que uno termina con los pies helados. Y nos cuesta una hora y pico de marcha forzada hasta la entrada de nuestra quebrada para que entren en calor nuevamente.
Amanecer tormentoso
Fresco cruce del río Tupungato
Pies helados bajo la ventisca
El Polleras oculto por las nubes de tormenta
























Allí aprovechamos a hacer un descanso y encarar con más energía las primeras pendientes de la quebrada. Ésta se presenta angosta y con pendientes empinadas, por lo que al principio intentamos seguir el cauce del arroyo, hasta que este se encajona y debemos ganar altura. Más arriba la quebrada presenta un aspecto más “amigable” que otras de la región y permite transitarla sin problemas. Las horas van transcurriendo en este día gris y no es mucho el paisaje que podemos ver, solo seguir avanzando hacia nuestro objetivo. A eso de las 4 y media de la tarde, decidimos acampar a 3600m sobre un gran cono de deyección que cae de una quebrada lateral. Esta quebrada conduce a un cerro que también teníamos en la mira y que pensamos intentar cuando vayamos bajando del Pico Vivi. Esa tarde nos dedicamos a descansar bajo los rayos del sol que comienza a asomar dando fin al período de mal tiempo anunciado. Y vemos por fin las montañas del fondo de la quebrada y en una inusual perspectiva los cerros del cordón Chorrillos y Clonquis.
Ya desviados por nuestro afluente, poco es lo que vemos
Siguiendo algunos senderos de guanaco
Campamento 1 a 3600m
Cambia la cara una vez dentro de la carpa...
























Al día siguiente, bajo un sol radiante, encaramos el ascenso por morenas de grandes bloques. ¡Menos mal que enfrentamos este ingrato tramo con energía y descansados! En una hora y media alcanzamos un hermoso playón surcado por un arroyo de agua cristalina a 3800m. Hacemos un descanso y no dejamos de sorprendernos de ser los primeros seres humanos que recorren esta quebrada. Sólo algún sendero de guanacos hemos visto hasta aquí, ningún otro indicio que nos hable de anteriores visitantes. Seguimos ganando altura mientras nos deleitamos con los cerros que forman los límites de la quebrada. Hay un pico rojizo muy esbelto y otro con una hermosa “pala” de nieve que también invita a ser subido. Vamos trasponiendo morenas y playones hasta que llegamos a una estrechura del arroyo donde subimos por un terreno de grandes bloques entre morenas. Ya estamos como a 4000m pero nos falta bastante distancia para alcanzar el lugar elegido para el tercer campamento, al pie de nuestro objetivo.
Cordón del Clonquis a la distancia
Luna llena y cumbre virgen
Tercer día de aproximación
Llegando al gran playón a 3800m

























Una larga marcha por suaves morenas nos conduce a un último playón. Y comienza a verse el impresionante glaciar de la cara sur de nuestro pico. Encontramos un buen lugar de campamento al reparo del viento a poco pasos del comienzo de la vía que habíamos imaginado. Es tarde y estamos cansados, pero en pocos minutos nos ponemos a mejorar el terreno, armar la carpa y buscar nieve para hacer agua. Estamos a 4350m, y desde aquí el glaciar se ve intimidante, dando la apariencia de un pico mucho más alto. Una nueva comida liofilizada nos repone las energías gastadas durante la jornada y pronto nos metemos en las bolsas.
A 4000m atravesando algunos pequeños nevés 
En el tramo final de la quebrada
Fabricando el lugar de campamento a 4350m
Campamento listo y pico Vivi Lotfi detrás
























Al cuarto día de actividad, nos despertamos a las 6:00AM y una hora y media más tarde recién estamos saliendo hacia la cumbre. Encaramos unas pendientes de nieve al lado del glaciar, que nos llevarán al vallecito superior, donde veremos bien la ruta a seguir. La inclinación máxima es 40° y zigzagueando ganamos altura en poco tiempo. Apenas el sol nos alcanza, también comienza la rápida transformación del terreno donde nos movemos. Apenas me percato de algunas piedras que Mijel me avisa que caen desde unos roqueríos cercanos.
Pendientes iniciales del día de cumbre
Superando la primer pala de nieve al lado del glaciar
Glaciar del Pico Vivi y nacientes de la quebrada
A 4600m decidimos subir por el filo SO
























Una vez arriba, a 4600m, estudiamos la faz sur del pico, defendida por el impresionante glaciar. Y la ruta imaginada en Google Earth aquí no se ve tan factible, dadas las condiciones de hielo cristal que presenta en varios sectores. Sólo contamos con un piolet de travesía y un par de grampones, insuficiente material para encarar esas condiciones del hielo. Y a regañadientes enfilamos hacia una pala de nieve que nos conduce hacia el filo suroeste de la montaña. Encontramos nieve dura en algunos sectores y nieve blanda sobre hielo en otros, y con mucho cuidado vamos sorteando los diferentes pasos teniendo especial atención por algún desprendimiento. El tramo final antes del filo es el más empinado, y mientras lo subimos tratamos de imaginarnos cómo será el descenso por el mismo lugar horas más tarde cuando regresemos de la cumbre. Terminamos saliendo al filo, estamos a 4900m y sabemos que mucho no nos queda de altura, pero sí de distancia.
Ganando altura en pendientes de nieve a 4700m
Comenzando el corto tramo de mayor empinación
Sobre el filo SO, a 4900m
En el filo rodeando algunos riscos
























Vamos recorriendo el filo a través de algunas cornisas de nieve, algunos riscos y lomos. Cerca del mediodía nos vamos acercando a la primera cumbre que habíamos visto en Google Earth. Mientras la rodeamos, observamos el camino de descenso: unas suaves laderas de acarreo que bajan al valle norte del cerro, que nos evitarán los problemas de las pendientes de nieve que hemos subido. Mientras voy subiendo a esta primera cumbre, no puedo evitar las lágrimas, pensar el motivo que nos trajo hasta aquí y estar a punto de lograrlo… Mijel viene más atrás filmando. Un abrazo y continuamos a la cumbre central, situada medio kilómetro más al Este.
En la primera cumbre del filo
Hacia la cumbre más alta
Contentos y emocionados
Pirca y testimonio
























Momentos más tarde estamos en el punto más alto, en una hermosa cumbre rodeada de un impresionante paisaje de montañas. Y desde este momento esta cumbre llevará el nombre de la querida Vivi, en el corazón de los Andes Centrales, en una de las regiones más intactas de nuestra cordillera. Armamos una pequeña pirca acarreando algunas piedras, unos metros al oeste del punto más alto, que está ocupado por una cornisa de nieve. Y dejamos un mapa con el itinerario realizado y en el reverso Mijel escribe la dedicatoria y los datos de la ascensión. Luego de disfrutar un rato de ese increíble paisaje desde ese punto privilegiado, abandonamos el lugar con los pensamientos puestos en Vivi y comenzamos el descenso.
Vista panorámica desde el NNO hasta el ENE

Vista panorámica desde el S hasta el O
Una vez alcanzada la primera cumbre, torcemos al norte y comenzamos a bajar por los pedreros. Al principio los pedreros empinados y duros nos obligan a ir despacio. Más abajo la marcha es más cómoda y en menos de una hora estamos recorriendo el vallecito norte del cerro, gozando de una espeluznante vista de la cara sur del otro pico virgen que tenemos en la mira. Bajamos sin inconveniente por el vallecito lateral, hasta alcanzar el valle principal, al cual salimos a los playones que están casi a 4000m. Y es aquí donde comienza nuestro calvario. Debemos volver a remontar las morenas de la quebrada hasta el campamento. Mijel viene bastante débil por un ataque de diarrea que le agarró a poco de llegar a la cumbre y en lo que va del día no ha comido casi nada. Así que vamos a paso lento pero seguro marchando hasta el campamento al cual llegamos muy cansados a las seis y media de la tarde. El Pico Vivi nos cuida desde lo alto mientras nosotros nos refugiamos en la carpa, Mijel se entrega al descanso y yo me dedico a cocinar liofilizados para reponer fuerzas.
Descenso por la ladera norte
Vallecito norte del Pico Vivi












Al día siguiente, esperamos que el sol alcance el campamento mientras desayunamos y conversamos sobre lo vivido el día de cumbre. Luego me voy a sacar algunas fotos hacia el final de la quebrada, mientras Mijel va levantando el campamento. Con cámara y gps en mano parto hacia arriba. En cuarenta minutos alcanzo los 4550m sobre una morena que me da una espléndida vista de toda la quebrada y especialmente del Pico Vivi. Saco fotos panorámicas y empiezo a bajar rápidamente. Minutos después estoy nuevamente en el campamento y terminamos de armar las mochilas. Abandonamos el lugar con la clásica nostalgia que da el no saber cuándo uno podrá regresar por estos lugares.
Vamos desandando el largo camino, esbozando horarios para saber en cuantos días saldremos de aquí. En principio pensábamos subir también la otra cumbre situada al Oeste, saliendo desde el campamento de 3600m. Pero el problema estomacal de Mijel lo ha dejado con las reservas al mínimo y preferimos descender. Muchas de las decisiones que uno debe tomar en estas expediciones se sopesan en el momento, sabiendo que nos separan tres días de marcha al lugar poblado más cercano y que no tenemos ningún tipo de comunicación con el exterior. Por lo que muchas veces optamos por la decisión más conservadora, buscando evitar problemas.
Los tres (Pico Vivi, Mijel y Pablo)
Largo descenso por morenas
Flora autóctona a 3800m
Remojón durante el descenso
























En tres horas hemos desandado buena parte de la quebrada, alcanzando el campamento 2. Y allí decidimos seguir bajando ese mismo día hacia el valle del Tupungato. La marcha de descenso se hace dura, vamos muy cargados y como siempre los últimos tramos del día se vuelven realmente una tortura. Luego de 6 horas de marcha, hemos recorrido los 15km de quebrada, desde los 4350m hasta los 2650m, y nos largamos a aprovechar las últimas horas del día para alcanzar el refugio Chorrillos, acortando distancias para el útlimo día. Y toca nuevamente el cruce del río Tupungato, que a esta hora de la tarde viene un poco más cargado que en la ida. Guardo la cámara de fotos y gps dentro de la mochila, calzados con sandalias y sin pantalones nos lanzamos al agua. Al principio no nos mojamos más allá de la rodilla, pero el río es muy ancho y sabemos que hay sectores más hondos. Encaramos hacia una islita, Mijel atraviesa primero la correntada y me advierte de su fuerza. Yo voy concentrado en no perder el paso, siento el empuje que hace en mis piernas y veo muy cerca la orilla. Hago el próximo paso, y cuando me quiero acordar estoy rodeado de agua. He perdido el equilibrio y ahora tengo que ver como levantarme! En pocos segundos me encuentro flotando panza arriba, braceando con la mano derecha para salir de la corriente más fuerte. El agua y el susto me han dejado sin aliento. Y la mochila, que pesaba 27kilos cuando estaba seca no quiero saber cuánto va a pesar mojada. Así que sin perder tiempo, la arrastro a la orilla. Lástima que es la misma orilla de donde comencé a cruzar… Mijel deja su mochila y vuelve a cruzar el río a darme una mano. Se carga la mochila y sin perder tiempo encaramos nuevamente el torrente con la técnica “araña”, agarrados de los hombros avanzamos con mayor seguridad. Una vez del otro lado comenzamos una carrera para buscar un lugar de acampe. Yo tiemblo de frío pero sobretodo de la adrenalina que me ha dejado semejante chapuzón con ese muerto atado a la espalda que te impide mover... Mientras mi compañero arma rápidamente la carpa yo voy desarmando la mochila para ver lo que se ha mojado. Y me sorprendo que la mayoría de las cosas estén secas, incluyendo la bolsa de dormir que estaba en el compartimento inferior, sólo se mojaron las botas que estaban colgadas afuera y un par de cosas más. Una vez cambiados, hacemos una fogata y disfrutamos de la última noche de expedición.
Guayata o ganso andino, Chloephaga melanoptera
Último campamento y fogata para secar ropa
Sexto día descendiendo por el valle del Tupungato
Travesía terminada, a seguir la marcha
























El sexto y último día, nos despertamos temprano, pensando en el “crux” que nos toca: la travesía en el escarpe rocoso. Así que temprano levantamos el campamento y pasamos rápidamente por el refugio Chorrillos, cruzamos el arroyo homónimo y seguimos a buen a paso hasta el escarpe. Antes de realizar la travesía, dedicamos unos minutos a comer y tomar algo para recuperar fuerzas. Y comenzamos nuevamente a remontar el cable, dándonos cuenta que cansados con los días de actividad que llevamos todo nos cuesta un poco más. Sobrepasado este obstáculo, volvemos a cargar las mochilas y poner “piloto automático” para llegar a Punta de Vacas. Pero aún nos separan más de 15km de quebrada, con sectores abruptos, con grandes bloques y costeos al lado del río. Las horas van pasando y el sol abrasador nos va deshidratando. Finalmente llegamos al auto a las 5 de la tarde, muy cansados pero también muy contentos. Y sin perder tiempo nos vamos hacia Uspallata, un churrasco con papas fritas es el premio a este último día de expedición. Hay un nuevo pico en el corazón de los Andes y se llama “Vivi Lotfi”.
Pato crestón, Lophonetta specularioides
Pequeña lagunita entre los refugios Río Blanco y Chorrillos
Piloto automático y a seguir caminando
Cansados y felices por el objetivo cumplido