Allí continuamos con la segunda parte del día: práctica de rescate de avalancha (uso del arva) a cargo del profe Mijel. Así que dejamos el auto y partimos con los esquíes. En el fondo de la quebrada del Cuevas, comenzamos la tarea. Quedamos cansados de correr, enterrar, buscar, remover nieve, pero la práctica bien vale la pena. Y tomamos conciencia que debiéramos dedicar siempre un tiempo a realizarla. Cae la tarde y volvemos a Puente del Inca, donde en el bar del "Roque" reponemos energía con dos pizzas y una cerveza.
Luego de una cálida noche que disfrutamos vivaqueando en la entrada de la quebrada Colorada, volvemos a la Navarro. La idea es subir el Puntudito, pico de 4000 que está justo en la entrada. Pero el viento que sopla en las cumbres nos hace decidir por un objetivo alternativo: nos vamos para el valle de Horcones que está más protegido.
Remontamos los primeros kilómetros hasta la Laguna y nos tentamos en subir las clásicas "lomas" (morenas pleistocénicas) que están al lado. Encaramos la primera subiendo por el borde. Una vez arriba toca hacer el test de nieve y avalancha.
Mijel procede a realizarlo mientras nos explica con todo detalle. La ladera que pensábamos bajar no está muy estable y nos conviene bajar por donde hemos subido. Mijel baja primero, haciendo gala de su ya impecable técnica. Lo sigo yo que tengo en mente sólo una consigna: "realizar un descenso controlado". Malevo viene cerrando atrás. Después de este primer descenso quedamos bastante contentos con el estado de la nieve. Seguimos rumbo al puente del Durazno, y más adelante nos vuelve a tentar otra pendiente. Este segundo descenso es mejor debido a una pendiente más pronunciada y el estado de la nieve. Tan es así que volvemos a subirla para realizar un otra bajada.
Después seguimos la marcha hasta el puente el Durazno, donde descansamos un rato mientras comemos algo. La quebrada del Durazno que está justo enfrente se muestra como un "caos avalanchoso"! Nos decidimos a volver remontando una suave ladera que nos deposita sobre las mismas morenas que hemos estado esquiando. Ganamos altura zigzagueando suaves pendientes hasta terminar encima de las "lomas". Buscamos otra ladera y encaramos el último descenso del día. Cada uno según su capacidad técnica lo va disfrutando a su manera: Mijel dando elegantes curvas, yo con una aparatosa caída en la primera curva (nunca había encarado una pendiente tan empinada!) y Malevo también con otra caída como para no desentonar conmigo...
Finalmente aprovechamos el envión de la última bajada para atravesar la laguna helada y poner rumbo al auto. En pocos minutos se va terminando otro día más de esquí en la montaña. Volvemos contentos de haber disfrutado este paisaje único y su soledad invernal, mientras el Coloso no se dejó ver en ningún momento oculto siempre en una tromba de nubes.