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miércoles, 9 de agosto de 2023

20 AÑOS EN UNA PLANILLA

O como anotar todo el entrenamiento en un intento para mantenerse en actividad


El comienzo de la planilla, allá por 2003

Hace dos décadas, decidí a anotar mi entrenamiento en una planilla de Excell. No era algo fuera de lo común lo que hacía, pero en ese momento me pareció importante hacer un registro. ¿Por qué? No me lo pregunté, pero intuía que al anotarlo uno podía tener claro que es realmente lo que se hace, como se hace y con qué frecuencia. Así después cuando uno se plantea un objetivo determinado, como por ejemplo subir una montaña, sabe con más precisión en qué estado está, hasta dónde puede llegar y que hacer para estar mejor.

Fueron pasando los años, y el ritual de escribir en esa planilla todo lo referido al entrenamiento, siguió con la misma constancia. Y además iba agregando todo evento o situación que impidiera realizarlo con normalidad: ya sea un resfrío o una lesión. 

Cruzando el Tupungato por el cable durante el primer ascenso al Fortaleza
Segundo día de la expedición a los Mesetones. 
Regresando de la 1era ascensión al Monte Peregrino

Escalada deportiva en El Salto
Cruzando el glaciar del Cerro Hermano de Piedra
Primera participacón en la Media Maratón de Mendoza

Desde el principio la actividad física principal era “salir a correr”. No me planteaba muy seriamente qué cantidad, a qué intensidad, con qué frecuencia. Corría en el llano, generalmente entre 10 y 12km, repitiendo circuitos que conocía su longitud (no contaba con reloj con gps), buscando siempre hacerlos en menos tiempo. Los fines de semana, con dispar frecuencia, subía el Cerro Arco corriendo, siempre intentando el menor tiempo posible. Así es como el 14 de agosto de 2004 llegué a correr los “4 lagos” (cuatro vueltas al lago del Parque San Martín, por la ciclovía exterior, que suman 10.60km) en 42min 49seg. Y el 16 de noviembre de ése mismo año subir el Arco (8.37km y 530m de desnivel) en 34min 30seg. Nunca más se repitieron esas marcas (al menos hasta hoy) ya que las metas fueron otras, de acuerdo a la capacidad que la edad te va brindando. 

Rumbo a la base del Excelsior
Randoneando en Matienzo
Segunda participación en 21K de la Maratón de Mendoza
Plata en el día desde Mendoza
Rumbo a la cumbre del Pico Vivi
En la cima del Miguel Dediol


En 2018, decidido a mejorar resultados, consulto a Federico Zamperoni para que me haga un plan a seguir. El objetivo es mejorar la condición física para expediciones a la montaña (subir cerros alejados, en los que hay que cargar peso y caminar mucho) O sea, buscaba rendir mejor en la montaña, y no específicamente en carreras y maratones. El plan contemplaba más trabajo en gimnasio y menos salidas a correr. Comencé a seguirlo lo más fielmente posible hasta que un par de meses después de haber empezado, surge la posibilidad de participar en los 42k de Villa La Angostura, clásica carrera de montaña de Argentina. Nunca había corrido esa distancia, ni en calle ni en montaña. Sin dudarlo me decido a ir, por lo que variamos un poco el plan agregando más “fondos” (entrenamientos largos corriendo) en las pocas semanas que quedan para el evento. Mi máxima distancia corrida habían sido los 21k de calle y de montaña hacía más de 5 años, así que mi primera duda era como se sentirían los 42 (durante el entrenamiento, el fondo más largo había sido 26k: Áspero + Arco). Llega el momento de la prueba, y correr en los bosques de Patagonia, sobre un suelo blando, y con una temperatura ideal… ¡fue un placer! Fueron 7h 12min para los 42k y 2200m de desnivel, donde pude explorar que significaba correr esa distancia…y ¡en montaña! El objetivo, terminar “entero” y disfrutando la prueba, se había cumplido con creces.

En el cerro San Lorenzo en San Juan
Aproximación a los Clonquis
Pico Gótico

K42 de Villa La Angostura 
Subiendo el Cerro Bastión en San Juan
Porteando en Aconcagua

A partir de esa primera experiencia de “plan de entrenamiento”, pude comprobar lo útil y eficiente que puede ser ceñirse a un plan de acuerdo a un objetivo. Los años van pasando, la energía ya no es la misma y hay que saber administrarla.

En los últimos años llegaría la oportunidad de volver a Aconcagua y probar lo que es el trabajo de “porteador”. Aunque había cargado pesadas mochilas en mis expediciones a montañas alejadas, me intrigaba experimentar esa esforzada labor que muchos amigos hacían en el “cerro”. Después de experimentarlo, me di cuenta que ésta requiere de un entrenamiento específico para realizarla. Terminé muy conforme en cuanto a mi rendimiento para poder cumplir lo que me tocó hacer, pero trabajar todo el verano y salir ileso no es para cualquiera.

Al llegar la pandemia y la consecuente cuarentena, volví a encontrar en “salir a correr” una forma de conectar con el “aire libre”. Ya no importaba si lo hacía en la montaña o el parque. Comencé a hacerlo recorriendo cualquier parte de la ciudad y me di cuenta que el desafío del entrenamiento como experiencia se puede hacer no importando el lugar.

Y llegó también el momento de cumplir un “pendiente”, los 42k de “calle”. Una distancia en una superficie que nada tiene que ver con las carreras de montaña, ésas en las que en realidad se trota, camina y corre. Cuando uno se plantea participar en esa famosa distancia sobre asfalto con el objetivo además de terminar, hacer un determinado tiempo, el ritmo es otro. La duración de la actividad es menor pero el esfuerzo es más intenso.  En 2021, luego de las sucesivas “cuarentenas” se retomaron los eventos deportivos multitudinarios y llegaba la hora de poder hacerlo. Ese año, Migue Andrade me había compartido generosamente un plan de entrenamiento de tres meses para correr 42k seleccionando el ritmo que deseado. El plan contempla actividad para todos los días de la semana excepto uno, pero mi realidad cotidiana me permitía entrenar sólo 3 días a la semana, los días de rutina “fuerte”.

Ocupado en salir a correr, me había demorado en anotarme: en la Maratón de Mendoza ya no quedaban lugares. Semanas después habilitan nuevos cupos, me pude inscribir pero suspenden el evento por razones sanitarias… Dispuesto a no perder la oportunidad de correr esa distancia ese año, me inscribo para la de Buenos Aires. Así es que me estrené en esa ciudad en los 42k “de calle”, terminando muy entero en un tiempo 3h 37min 28seg según mi reloj.  Al volver, la organización de la Maratón de Mendoza fija fecha finalmente para la carrera para el mes siguiente. Y no queda otra que participar, ya que no reintegraban el dinero de la inscripción. Así es que a poco más de un mes de correr en Buenos Aires vuelvo a correr en Mendoza haciendo 3h 32min 50seg. Y de no haber corrido nunca esa distancia, pasé a tener dos carreras ya bajo el brazo…

42K de Buenos Aires
Aclimatando en el Bonete
Cumbre del Cerro Ángel

Al año siguiente, luego de un verano con algunas semanas en Aconcagua pintando al aire libre y donde volví a vivir por unos días el duro trabajo de porteador, me planteé correr los 42k para “bajar tiempos”. Conciliar trabajo, familia, horas de descanso y otras obligaciones fue fundamental para poder seguir el plan lo más fielmente. Y si además agregamos algún virus de gripe semanas antes de la carrera, la cosa se complica aún más. Pero estas circunstancias son “la vida misma” y hay que correr aceptando las condiciones. Mi tercer 42k lo hice en 3h 36min 23seg, lejos aún de lo que me había planteado como objetivo: hacerlo en menos de 3h 30min. Solo había conseguido hacer 1 minuto menos que el año anterior en el mismo circuito. Era obvio que no había llegado de la mejor forma a la prueba para el desafío de hacerla en menor tiempo.

Con los años la planilla se fue completando con desniveles, zapatillas usadas y los kilómetros acumulados con cada par de calzado.

En este 2023, me encuentro nuevamente entrenando para dar batalla y bajar los tiempos lo más que se pueda, y acercarme a las deseadas 3h 30min en la maratón de Buenos Aires. El verano pasado estuve nuevamente en Aconcagua pintando cuadros. Tras varias semanas en Plaza de Mulas (4380m), intenté algo que siempre había querido hacer, “subir en el día a la cumbre desde Mulas”. El último día de mi estadía, se presentan las condiciones óptimas para hacerlo. A las 4 de la mañana comienzo el ascenso desde la base. Voy con botas dobles, hay nieve desde los 5000m y hay que usar grampones. En 5 horas y media llego a Independencia a 6300m. Me siento muy bien, y el día se presenta increíble. La nieve dura permite un ascenso realmente rápido y cómodo. Pero antes de llegar a la base de la Canaleta a 6600m, ha ocurrido un accidente, una persona ha caído por la nieve dura y su estado es comprometido. Por lo que decido colaborar en el rescate para descenderlo hasta que pueda ser evacuado en helicóptero. Hasta aquí nada hacía pensar que no lograría mi objetivo ese día, pero la montaña siempre nos guarda una sorpresa y nos pone a prueba. El descenso con el herido tomó varias horas por el gran acarreo hasta llegar a Nido de Cóndores, donde fue evacuado en un vuelo. A esa altura del día solo quedaba continuar bajando hasta Plaza de Mulas a preparar los petates, ya que al día siguiente tocaba la larga caminata hasta Horcones para bajar a Mendoza y dar por terminada la temporada.

En estas circunstancias es que miro hacia atrás en el tiempo y veo la vieja planilla de Excell, bitácora de entrenamiento cumpliendo 20 años. Pero pienso sobre todo en lo que he podido hacer. Y es ahora sí que entiendo el sentido de haber ir ido anotando todo lo que hacía y que alguna vez empecé sin saber muy bien porqué.


ALGUNAS CONCLUSIONES

OBJETIVO / El objetivo principal de entrenamiento de esta bitácora es la práctica del montañismo, en todas sus variantes según disponibilidad de tiempo y capacidades. Tanto el montañismo como la participación en carreras en los últimos años, se ha realizado en forma amateur, con las limitaciones de tiempo y dinero de cualquier persona común. La constancia del entrenamiento a través de los años permitió mantenerse activo y con desafíos deportivos que aún hoy permanecen vigentes. 

ENTRENAMIENTO MÁS FRECUENTE / El entrenamiento más frecuente realizado fue “salir a correr”. Al principio en forma “empírica” y en los últimos años, con mayor efectividad, siguiendo planes de entrenamiento.

Como el “salir a correr” fue la actividad más frecuente, experimentar en “carreras” a modo de desafío se fue dando en forma natural. Los resultados que se obtuvieron fueron acordes al entrenamiento realizado.

INACTIVIDAD / Durante los 20 años de regristro, el período más largo sin actividad física de entrenamiento registrada fue de 45 días, coincidente con exigencias de la vida cotidiana, como la realización de tareas en la construcción de la casa. 

EXIGENCIAS FÍSICAS / Las mayores se dieron en expediciones a zonas alejadas de los Andes de Mendoza y San Juan. La actividad generalmente comprendió cargar mochilas de 25 a 30kg de peso, durante 3 o 4 días de aproximación, luego un largo día de cumbre con una carga menor para terminar con otros 2 o 3 días de regreso con la misma carga inicial. El terreno a recorrer presenta dificultades para moverse: acarreos inestables, barrancos de tierra dura, morenas de grandes bloques, cruces de ríos, glaciares de penitentes. 

LESIONES  / Las lesiones sufridas (esguinces de tobillo, fractura de húmero, fascitis plantar, tendinitis) no han dejado secuelas retomándose plenamente la actividad gracias a un consciente trabajo de fisioterapia, pudiendo permanecer activo durante todo el período analizado.

PRUEBAS DE COMPARACIÓN

4 LAGOS”: La primera vez que cronometré las 4 vueltas al lago del Parque San Martín fue el 29 de julio de 2003 y el resultado fue 47min 42seg. A lo largo de los años, repetiría el circuito, al principio como entrenamiento en sí, después como una forma práctica de comparar resultados. El día 26 de julio de 2023 repetí ese mismo circuito, buscando averiguar cómo se siente 20 años después, arrojando un tiempo menor: 45min 50seg.

Los mejores tiempos por año para el circuito de "4 Lagos", 10.60km

CERRO ARCO : De la misma forma que las cuatro vueltas al Lago del Parque San Martín sirvieron como “medida” para comparar el correr en el llano, el ascenso al Arco desde el Puesto hasta la cumbre sirvió para  un “Test de Montaña”. Desde 2004 a 2021 se cronometraron 100 ascensos buscando el menor tiempo, logrado en el primer año. Como varios circuitos en esta bitácora, el Arco fue mutando de ser un entrenamiento en sí, para ser una circuito para medir y comparar estado físico. 

Los mejores tiempos de ascenso al Arco

POTENCIA / RESISTENCIA. A lo largo de los años se ha podido comprobar como la condición física va rindiendo de forma diferente de acuerdo a la edad. Los primeros años de esta bitácora reflejan buen rendimiento en actividades cortas, intensas y a ritmos altos (10k en 40min, Arco en 34min, 21k en 1h 29min). Pero no muy buen rendimiento en actividades “largas” como por ejemplo el ascenso al Plata en el día en 2004 en 13h hasta la cumbre. En los últimos años, el buen rendimiento en resistencia se refleja en el ascenso al Plata en 8hs 54min en 2015, los 42k de la Maratón de Mendoza en 3h 32min en 2021 o el intento al Aconcagua en el día desde Mulas en 2023.


miércoles, 8 de diciembre de 2021

"EXPLORANDO MARATONES"

 UN MONTAÑISTA CORRIENDO MARATONES DE "CALLE"

Ya bajada la espuma de las últimas semanas, encuentro un ratito para ponerme a reflexionar sobre lo vivido este año (y el pandémico anterior…).

Siempre consideré “salir a correr” como el entrenamiento básico para ir a la montaña. Así que esta actividad fue una costumbre en mi vida, aunque mayormente realizada con un “empirismo” basado en experimentar con un mismo, situación no ideal que ya fue tratada en otro post.

CORRIENDO POR TODOS LADOS

Luego de un comienzo del 2020 que incluyó un mes en el Aconcagua, llegó el tiempo del encierro durante la cuarentena del COVID. Pocas semanas fueron suficientes para darme cuenta que a pesar de poder realizar rutinas de ejercicios en casa, debía volver a correr. Así comencé a salir a correr desde casa, aunque estuviera lejos del parque, a diferencia de lo que estaba acostumbrado. Así fui “descubriendo” de nuevo la ciudad, ahora corriendo por todos lados, costumbre que fue quedando para este 2021. Y si bien en la temporada de verano 2020-2021 fueron varias las expediciones en las que participé, ya durante el año, con la nueva rutina familiar estuve nuevamente “enrollado” con esto de correr.

SIGUIENDO UN PLAN

Y así llegó mediados de este 2021 imponiéndome un ritmo de 3 salidas semanales para entrenar. Por lo que me planteé participar en una maratón “de calle”, prueba en la que no había participado nunca. El amigo Migue Andrade me compartió un plan de entrenamiento que yo adapté a mi realidad y traté de cumplir en la medida de lo posible.

Pero un año de cuarentena y suspensión de carreras había hecho que ahora todas agotaran sus cupos varios meses antes de su realización…¡y yo había estado lento para darme cuenta de eso! Pasan los días y sigo buscando donde poder anotarme hasta que me avisan que hay nuevos cupos para la Maratón de Mendoza a realizarse el 5 de setiembre. Tenía tiempo suficiente para redondear el entrenamiento que venía realizando y probarme al fin en 42km. Pero a los pocos días de haberme inscripto (y pagado), y sin aún entender el porqué, la organización suspende el evento. Las razones fueron bastante irrisorias, dado que se invocó a la variante Delta del COVID, pero posiblemente haya habido otras. Desanimado por esto y sin aún tener fecha para poder “probarme” en alguna carrera, sigo saliendo a correr, aunque sin ser muy riguroso al seguir el plan de entrenamiento, dado que no tengo fecha cierta a la vista.

MARATÓN DE BUENOS AIRES



A mediados de setiembre, planeamos una escapada a Buenos Aires para el fin de semana largo de octubre. Y como coincidía con la famosa Maratón de Buenos Aires, no lo dudé un instante y me anoté. Si la Maratón de Mendoza aún no tenía fecha cierta, yo ya me había asegurado poder correr al menos una, la que nunca pensé sería la primera…¡Buenos Aires!

Faltando poco menos de 3 semanas para la carrera, replanteo el entrenamiento de manera urgente. Hago el fondo largo de 32km inmediatamente a dos semanas de la prueba (ideal es hacerlo a 3 semanas) para hacer el último fin de semana pre competencia unos 18km de fondo.

En todo este tiempo, de lunes a viernes salí a correr dos veces, alternando trabajos de potencia y cambios de ritmo. Los fines de semanas estaban reservados para los entrenamientos de distancias largas a ritmos bajos. Pero las circunstancias de la vida actual no me habían permitido dormir más de 5 o 6 horas por noche los últimos 4 meses. Así estaban dadas las cosas y había que tratar de lograr lo mejor con lo que había, eso era parte del juego. Un juego de equilibrio y exigencias, buscando lograr los objetivos y “no romperse”.

Después de hacer el fondo de 32km, saliendo desde casa atravesando toda la ciudad de Mendoza y sus alrededores, supe que podía enfrentar con éxito la famosa distancia de los 42km.

La ansiedad previa a la competencia es mucha, y si ya venia durmiendo poco, la noche anterior no es la excepción. Pero uno se siente de maravillas, sabiendo que ahora toca poner en juego toda la preparación realizada. El 10 de octubre de 2021 amanece parcialmente nublado y fresco en Buenos Aires, condiciones ideales para la maratón. Con mi cuñado Pablo (quien corría ese mismo día los 21km) estamos expectantes en el momento de la largada. Para mí además es una oportunidad de disfrutar esta ciudad como turista, ya que el recorrido atraviesa lugares icónicos, como La Boca, San Telmo, Puerto Madero, la Avenida 9 de Julio, algunos de los cuales no había visitado nunca. Arranco los primeros 5 kilómetros a un ritmo suave, entre 5:30 y 5:45 min/km. Luego comienzo a “apretar” para alcanzar el ritmo que había planeado, cercano a los 5:00 min/km.


Los kilómetros van transcurriendo y la carrera se va disfrutando, a la vez que no dejo de mirar a diestra y siniestra el hermoso paisaje urbano de Buenos Aires. El kilómetro 14 lo alcanzo a poco menos de 1 hora 10min. Y el 28 a las 2hs 20min. De seguir a este ritmo, pienso que puedo terminarla en 3hs 30min, el cual es mi objetivo de máxima. Me habían hablado de las “subidas” de los últimos kilómetros, comentarios que yo había tomado con humor, tratándose de Buenos Aires donde todo es “plano”. Pero ¡basta tener que subir un paso sobre una autopista para que con los kilómetros que llevas acumulados eso te parezca una montaña! Y así fue que esos últimos metros, debí regular muy bien el ritmo para llegar entero y sin calambres, ni contracturas. Finalmente mi reloj marcó 3 horas 37minutos 28 segundos, y quedé muy contento con el tiempo logrado para mi primera experiencia en esta distancia. Y el haber terminado entero, me permitió volver a correr luego de un par de días de actividad relajada.

MARATÓN DE MENDOZA

Nuevamente en Mendoza y retomando la actividad de a poco, se confirma la fecha de la maratón local: el 21 de noviembre. Es una fecha no muy propicia para este tipo de eventos, ya que las temperaturas en esta época del año son muy altas y la radiación solar es implacable. Dudo en participar, ya que con estas condiciones no me gusta mucho correr. Intento vender mi inscripción sin éxito (a diferencia de la maratón de Buenos Aires, aquí uno pagó para participar en una fecha, que luego fue cambiada y no había devolución de dinero ni traspaso de inscripción para el año siguiente). Finalmente decido participar, para lo cual hago un fondo de 30km dos semanas antes y otro de 18km el finde anterior. ¡Y que sea lo que Dios quiera!




Esperaba equivocarme en cuanto a la predicción meteorológica del día de la carrera, pero ese día amanece particularmente caluroso. A las 6 y media de la mañana, la temperatura en Cacheuta, el lugar de la largada, eran más de 20°C…

A las 7am, comienza una nueva maratón. Esta vez la que siempre quise correr, aunque no precisamente en estas condiciones. Pero es lo que hay y ahora toca hacerlo lo mejor posible. A diferencia de Buenos Aires, aquí arranco apretando en cada bajada que tiene este particular recorrido. Los primeros kilómetros a la sombra se pasan rápido y cuando ya estamos asomando en la zona de Álvarez Condarco, el sol comienza implacablemente a castigarnos. Aún no son las 8am y ya estamos bañados de sudor, apretando para alcanzar el próximo punto de hidratación. El kilómetro 14 lo alcanzo a 1h 6min y ya me entusiasmo con el ritmo que llevo, mejor que en mi primera experiencia. Luego el recorrido deja la ruta provincial n°82 para internarse por calles arboladas de Vistalba, esto se agradece dado el calor reinante.  El kilómetro 28 lo alcanzo a 2 horas 16min de haber largado. Más adelante volvemos a empalmar con la ruta n°82 luego de una fuerte subida, se acaba las sombras de las arboledas y volvemos a sufrir el calor y el sol nuevamente. Y aquí comienza otra carrera: la de aguantar la insolación, el calor que irradia el asfalto y el desgaste adicional que producen las altas temperaturas.


 

Así es difícil mantener el ritmo, pero uno debe estar muy atento a las señales del cuerpo, saber donde apretar o regular. Los últimos kilómetros por el cemento del corredor del Oeste son una tortura debido al agobio producido por el sol y el calor. Es frecuente ver en esta parte a corredores que venían a ritmos más fuertes, detenerse acalambrados a estirar pantorrillas …o resignados a caminar las subidas. Voy al límite de lo que puedo ese día y a esa hora, y cruzo la llegada a 3 horas 32 minutos 50 segundos. Muy contento de poder “sacarme la espina” y correr la maratón local, entero y a buen ritmo, apenas 40 días después de mi primera experiencia en esta distancia. Termina el año y paso de no haber corrido nunca una carrera de este tipo a haber hecho dos en poco tiempo. Y para este caso nunca mejor que una frase tipo “autoayuda”…”nunca digas nunca, y que la oportunidad te encuentre entrenando”

CONCLUSIONES

SOBRE LA MARATÓN DE BUENOS AIRES

El recorrido cumple con los requisitos de la IAAF (International Association of Athletics Federations), por lo cual sirve para clasificar para Juegos Olímpicos o establecer récords oficiales en esta disciplina. Es por ello que participan atletas profesionales extranjeros (africanos sobre todo) quienes han resultado ganadores en los últimos años. Al cumplir con los requisitos de recorrido y por el clima benigno de primavera, es la prueba más importante en esta parte del planeta (maratón de Río de Janeiro no cumple con las condiciones del recorrido y el clima agobiante no ayuda a buenas perfomances). El récord masculino de este circuito lo tiene el keniata Evans Cebet con 2h 5min,en 2019 (no muy lejos del récord mundial actual de 2h 1min 39seg de Eliud Kipchoge)

Debo decir que mi experiencia personal sobre la organización de la misma fue muy buena. La inscripción se realizaba en dos pasos: una preinscripción para asegurar tu lugar y una vez confirmada la fecha de realización, te notifican para que confirmaras tu participación mediante el pago de la misma. El retiro de kit de corredores se realizó en un lugar amplio, con distanciamiento, con suficiente personal y con una agilidad sorprendente para el número de participantes.

El día de la largada los corredores estaban separados según ritmo de carrera, pudiendo hacer la largada cumpliendo protocolos de distanciamiento sin ningún inconveniente. Durante el desarrollo de la misma los puestos de hidratación fueron más que suficientes durante todo el recorrido.

La largada y llegada en el mismo lugar facilita enormemente la logística. Los amplios espacios del Parque Paseo de las Américas, en el barrio de Núñez permitió una cómoda desconcentración para un evento de esta envergadura.

SOBRE LA MARATÓN DE MENDOZA

El recorrido no cumple con los requisitos de la IAAF, al estar separados el punto de largada y llegada más de 21095 metros y tener un desnivel negativo (bajada) entre largada y llegada mayor a 42 metros. El desnivel en bajada en Mendoza es de 466 metros (se parte a 1251m de altitud y se llega a 785m). Por este motivo, y con estas características tan particulares, no es una prueba donde participen atletas que quieren clasificar para juegos olímpicos o busquen batir récords oficiales. El actual récord masculino de este circuito lo tiene José Luis Luna, data de 2006 y lo realizó en 2horas 19minutos 01 segundos.

Debo decir que mi experiencia en esta prueba no fue buena. Desde el principio uno se inscribía (y pagaba) en base a una fecha que ya estaba establecida. A menos de un mes del evento la organización suspende la realización. Luego pasan casi dos meses sin novedades, y ya casi sobre la hora faltando poco más de un mes, vuelven a fijar una fecha. Mucha gente quedó disconforme con estas idas y vueltas y la desprolijidad para su realización.

Ni hablar de la fecha elegida, prácticamente ya en el agobiante verano mendocino, con temperaturas de hasta 28°C a la sombra. Esta situación afectó a muchos corredores y a pesar de la profusa asistencia en los puestos de hidratación, no podían sobreponerse al calor y radiación solar agobiantes. Cabe destacar que durante varios años la fecha elegida para esta prueba fue a mediados de agosto, para luego trasladarse a principios de mayo, con temperaturas entre 5° y 10°C, situación muy diferente a la vivida en este 2021.

El hecho de que la largada esté tan alejada de la llegada genera desde el vamos problemas logísticos de traslado. Es de esperar que a medida que esta prueba se masifique, estos inconvenientes se irán acrecentando. 

ALGUNAS IMPRESIONES SOBRE LA PREPARACIÓN

Para correr 42km y no lesionarse conviene prepararse con tiempo y asesorado por profesionales. Si sos un persona que corre habitualmente distancias entre 10 y 15km en cada entrenamiento, debes contar con al menos 3 meses para lograr una buena preparación. Si en cambio nunca has corrido, el tiempo de preparación para salir airoso en este tipo de esfuerzos no baja de un año.

En mi caso personal, estaba acostumbrado a correr frecuentemente (2 a 3 veces a la semana) pero siempre distancias “cortas” (10 a 12km) pero a ritmos altos (4:45min/km). Por lo que tuve que aumentar “volumen” (cantidad de kilómetros) en los entrenamientos, bajando un poco el ritmo. Tuve que aprender a “racionar” la energía para mayor cantidad de tiempo corriendo, cuidando de no “romper nada”. De más está decir que un plan y seguimiento personalizado es fundamental, pero sobretodo lo importante es “oír” las señales de tu cuerpo. Poder ir moviendo los límites de a poquito, para que el cuerpo se vaya adaptando paulatinamente.

Siempre había escuchado de boca de los corredores de maratón sobre “la barrera del kilómetro 30”. Personalmente me sentí muy bien durante la mayor parte de las dos maratones realizadas, tratando de hidratar y comer lo más posible (comer y tomar mientras se corre también se puede entrenar). Recién comencé a sentir el límite del esfuerzo hacia el kilómetro 37 o 38 donde ya uno comienza a regular para intentar mantener el ritmo elegido.

Correr “maratones de calle” (o sea, plano y sobre asfalto) requiere una concentración para mantener una buena cadencia. En la de Buenos Aires, es el terreno ideal para lograr esto, aunque si bien es mayormente horizontal, siempre hay subidas y bajadas. Y conviene cambiar el paso para encararlas. Acortarlo en las subidas y alargarlo en las bajadas me dio como resultado poder preservar piernas. En la de Mendoza, era sabido el desnivel bien marcado, por lo que acentué esta táctica al punto de que en las bajadas “pasaba” a mis compañeros de ritmo y en las subidas ellos me volvían a pasar. Con esta estrategia, finalmente terminé dejando atrás a quienes habían intentado mantener a toda costa el mismo ritmo en subidas y bajadas.

EPÍLOGO

Finalmente, ya cumplido el objetivo de “probar” 42K en calle en dos locaciones diferentes, y parafraseando a deportistas profesionales digo: ¡doy por terminado mi año de carreras!. Voy terminando este 2021 con más de 1300km corridos, todo un récord para mí, que no era de acumular tantos kilómetros… Ahora toca volver a caminar los cerros que tenemos aún en los “pendientes”.

 

 

 

 

 

 

  

lunes, 30 de diciembre de 2019

ASCENSO EN EL DÍA AL VALLECITOS (5469m)

23 años empujando los límites




Cada tanto y previo a una actividad de alta montaña exigente me gusta realizar algún ascenso de aclimatación en el cordón del Plata. Y el cerro Vallecitos es un excelente objetivo para “probarnos” y ver como ha ido el entrenamiento. Un domingo de diciembre decidí tomar esos rumbos: el pronóstico preveía un día con algunas nubes y ráfagas de viento de 30 a 40km/h a 5000m de altura. La idea era tomar el sendero al campamento El Salto y la Ollada e ir viendo como andaba. Hacía varios meses que no hacía ascensos de altura, si bien me había mantenido activo con el entrenamiento aeróbico. A las 6:30AM parto desde la ciudad de Mendoza y casi dos horas después estoy comenzando a caminar desde el estacionamiento en Vallecitos. Voy con una pequeña mochila con abrigo, comida, cámara y dos litros de líquido.
Hace 5 años que no venía por aquí y los cambios son notorios: muchas más construcciones en el valle; y los senderos que llevan a la montaña están más marcados. Hay cartelería informativa hecha por guardaparques: a pesar de una mayor afluencia de visitantes, se nota todo más organizado, por ejemplo en las Veguitas se está realizando su recuperación evitando acampar en el sector al norte del arroyo. Voy a un paso cómodo y rápido sin fijarme en el horario. Cuando paso por Piedra Grande a 3680m, llevo 1hora y 6 minutos de marcha, unos minutos más que la última vez, hace varios años atrás. Paro lo suficiente como para sacar una fruta de la mochila y la voy comiendo mientras encaro la subida a la morena del Infiernillo. Trato de llevar el paso más uniforme que pueda, sin forzar demasiado, para reservar energía para arriba. Las nubes van cubriendo los cerros, en un típico día de verano del cordón del Plata.  
Una de las partes más exigentes de esta gran caminata, es la última subida al campamento El Salto. En este sector, el sendero va ganando altura abruptamente en un terreno de morenas, donde no queda otra que mentalizarse en que “ya casi estamos arriba”. Entre nubes llego al campamento, cuando llevo 2 horas 40 minutos desde el auto. Sin proponérmelo termino haciendo mejor tiempo que veces anteriores. El campamento está silencioso, se ve que la gente ha salido a cumbre. Aprovecho a comer un bocado y continúo a la Ollada. El paisaje se ve limitado por las nubes, aunque se adivina que “arriba está despejado”. Cuando estoy encarando una de las subidas a la Ollada, me pasan raudamente un par de “montañistas-corredores” que llevan un ritmo infernal. Reconozco y saludo a uno de ellos, es Fernando Grajales. Ellos también van al Vallecitos, así que seguramente nos cruzaremos más arriba.
En el campamento de la Ollada, me tomo unos minutos de descanso, mientras converso con dos “corredores” que han llegado hasta aquí buscando probarse. No son montañistas, vienen de pantalón corto y zapatillas. Y aprovecho a comentarles lo que se enfrentan más arriba si quieren continuar al Vallecitos o al Plata. Les digo que lo primero es chequear el pronóstico: no vale la pena arriesgarse en un día con mucho viento y lo segundo llevar el material adecuado (más allá de contar con cierta experiencia en montaña…)En este regreso a la zona del cordón del Plata he visto varias personas en tren de correr por la montaña, con equipo mínimo pero con muy buen estado físico. Y lo que se ha debatido en otras latitudes (Europa) se empieza a dar aquí. No se debe subestimar el hecho de “porque hay sendero” y es muy fácil llegar hasta aquí siguiéndolo, no estemos expuestos a los rigores de la alta montaña. Si bien reconozco que esta zona es un excelente terreno de aclimatación y entrenamiento, no deja de ser montañismo lo que estamos haciendo y no una carrera en el parque. También yo voy “liviano”: pero en mi mochila, que es considerablemente mayor a la de los corredores, llevo lo suficiente para ser autónomo en la montaña: desde botiquín, par de medias de repuesto, guantes, pluma, anorak y pantalón impermeable, barras de cereal, alfajores, maní salado, fruta, dos litros de líquido, teléfono, linterna y gps. Si queremos evitar accidentes, dejemos solo para las “máquinas” tipo Kilian Jornet, el correr sin nada de equipo por la montaña. Porque todo nos puede salir bien, hasta que nos sucede el accidente.

El paisaje es otra de las cosas que veo ha cambiado drásticamente en los últimos años. La reducción de los glaciares es tan notoria que nunca pensé que podría verlos algún día así. Pensar que alguna vez tuve que usar botas dobles para atravesar los campos de nieve y así llegar a este mismo punto que hoy hago en zapatillas. Comentarios de personas cercanas cuando les muestro fotos de estos cambios es “habrá que acostumbrarse”, “es el ciclo de la vida”, etc. Yo me inclino más a pensar en acciones concretas en cambiar conductas para estar preparados y no seguir actuando como si el agua que baja de la montaña fuera infinita…
Sigo ganando metros en este tramo que quizás con la subida previa al Salto sea lo más duro del ascenso al Vallecitos. Cuando llevo apenas 6 horas desde que salí del vehículo, llego al portezuelo. Aprovecho a comer algo, abrigarme y a seguir. El viento no es fuerte pero de a ratos puede ser molesto y frío. Un poco más arriba me encuentro con Fernando y compañeros que vienen bajando rápido. Quedo solo en el cerro, dándole paso a paso a esa huella que conduce al primer pico. En agosto de 1996 hice mi primer ascenso con Lorenzo Renard, demorando 9hs 50min. Aquella vez llevábamos botas dobles y bolsa de dormir por las dudas no alcanzaramos a bajar.
La segunda vez en enero de 1999, con mi hermano Federico, lo hicimos en 9hs. Habíamos decidido subirlo con lo que teníamos a mano, en zapatillas y medias a modo de guantes, antes que se terminen las vacaciones. En enero de 2002 lo subo solo demorando 7hs 30min. En enero de 2007 vuelvo a subirlo solo previo a una expedición a la Jaula en 7hs 50min. En enero de 2010, también a modo de aclimatación para un ascenso en San Juan lo subo solo en 7hs 30min. Esta vez, a 7 horas y 11 minutos de haber salido del auto estoy ya sentado al lado de la pequeña cruz. Me siento muy bien físicamente, mejor que las veces anteriores; se ve que los años traen la maña necesaria para subir más eficientemente!
Saco fotos para todos lados, como todas las veces que llego a una cumbre, aunque como en este caso sea la sexta vez que lo haga. Las fotos que me interesan no son solo las ahora famosas “selfies” sino las que puedan documentar el estado de nuestras montañas. Ver cambios que se han producido, estudiar nuevas rutas y cerros, es decir tener material para volver a planear nuevas ascensiones. No recuerdo haber visto nunca tan seca la montaña como ahora. Los cambios que se van produciendo son realmente elocuentes y no nos pueden dejar indiferentes. La montaña que conocíamos de jóvenes no es la misma y esta vez los larguísimos “tiempos geológicos” parecen que han tomado escala humana. Esto que vemos nos debe servir para tomar conciencia del frágil equilibrio en el que vivimos, ya que dependemos de estas cada vez más escasas fuentes de agua. Si no somos capaces de defender a rajatabla la intangibilidad de estos ambientes naturales, tendremos las horas contadas. Pero también debemos cambiar nuestras conductas cotidianas, el uso cada vez más eficiente del recurso hídrico debe ser una prioridad para todos.
El descenso lo hago bastante rápido aprovechando que voy en zapatillas. En algún punto me detengo a conversar con ocasionales compañeros de ruta. Con las últimas luces del domingo estoy en el auto. Bajo contento con esta “panzada de montaña exprés” que supone una pateada “en el día”. Ya estoy listo para empezar una semana crucial: el gobierno ha decidido modificar la ley n°7722 que protegía a los ambientes naturales de la minería metalífera que usa cianuro y no podemos quedarnos de brazos cruzados. ¡El agua de Mendoza no se negocia!


sábado, 8 de diciembre de 2018

¿COMO ENTRENAMOS LOS MONTAÑISTAS?

El montañismo como deporte es sinónimo de libertad. Quizás por ello los montañistas toman el entrenamiento para esta actividad de la forma más empírica, anárquica y desorganizada que pueden, tal como sienten “el llamado a las cumbres”. Sé que no se puede generalizar y que no todos lo hacen así. Pero en mis 35 años de práctica de este “deporte”, me he topado con muy pocos que siguen un plan organizado, ordenado y a conciencia. Y como no hay mejor análisis para demostrar esto que empezar por uno mismo, es que me decidí a escribir sobre un tema donde no soy especialista pero sí puedo aportar mi propia experiencia. Desde que alcancé las primeras cumbres de alta montaña a comienzos de mi adolescencia, entendí que era imprescindible entrenarse para poder vivir más gratamente las ascensiones en la montaña. Así fue que ya con 14 años salía a correr al Parque San Martín, en una época donde “el footing” (tal como se denominaba a trotar en esa época) estaba reservado sólo a adultos con problemas de sobrepeso (los “gorditos”), por lo que a veces era blanco de comentarios tales como “¡flaco si seguís corriendo vas a desaparecer!”. El entrenamiento aeróbico de correr me fue dando mejores condiciones para realizar ascensiones de alta montaña. La actividad en sí consistía simplemente en “salir a correr”, acumulando kilómetros y años más tarde subiendo cuestas trotando en los cerros De la Gloria y Llorón (aledaños al parque). En esos primeros años el entrenamiento aeróbico lo comenzaba en otoño, intensificando después del invierno en los meses de agosto y setiembre. Y se terminaba hacia mediados de noviembre, cuando las ascensiones en la montaña comenzaban a ocupar todo el calendario estival. La meta era simple: correr cada vez más y en menos tiempo, sin mucha más teoría que eso. Cuando a finales de los '80 el cerro Arco tuvo el camino vehicular, pasó de ser un objetivo “andinístico” para ser un objetivo de entrenamiento.
Gráfico que resume cantidad de kms corridos a lo largo de los 15 años del archivo de Excel.¡Los años pasan pero las ganas de entrenar aumentan!
Los años fueron pasando y mantuve siempre la necesidad de una actividad física permanente para estar en condiciones óptimas para “ir a la montaña”. A veces hubo períodos de mayor o menor actividad, pero el entrenamiento siempre fue un elemento presente en mi vida. En julio de 2003 comencé una “planilla de Excel” para volcar todos los datos del entrenamiento. Y desde esa fecha llevo un registro de kilómetros, tiempos, circuitos, zapatillas usadas…Años más tarde, cuando aprendí a nadar por insistencia de Cecilia, también aparecieron en la planilla los metros de natación en pileta. Esa planilla sigue siendo quince años después, el archivo donde vuelco toda la información que tiene que ver con el entrenamiento. En todos estos años, hubo momentos de mayor actividad aeróbica corriendo, otros escalando y otros períodos nadando. Lo importante fue no quedarse quieto para mantener las condiciones físicas a través de los años. Como todo montañista “libertario”, siempre fui mi propio “conejillo de indias” y sin informarme mucho del tema, siempre me manejé empíricamente, insistiendo con lo que uno cree le sirve y le gusta más. En estos últimos quince años, el “salir a correr” consistió en hacer 10km en 45 / 50 minutos, unas tres veces a la semana. Y de vez en cuando hacer algún “Arco” o cerro similar para “testear” como estamos. Dependiendo de la frecuencia e intensidad de estas sesiones de entrenamiento, me sentí en condiciones como para desarrollar el montañismo que más me atrajo, el de explorar lugares nuevos (cargar mochilas de 25 a 30kgs durante 5 a 7 días, con un día de cumbre donde se puede ir más liviano). Como la actividad de “correr” se constituyó en la base del entrenamiento, en algún momento era inevitable participar en alguna carrera. Fue así que participé en carreras de 21 km “de calle” y 21km de montaña, sin ninguna preparación previa “ad hoc”. Llegaba a las competencias haciendo los entrenamientos de siempre, buscando probar como uno se encontraba. Así fue que he logrado hacer los 21km de la Maratón de Mendoza en 1h 29min (2011).
Clásico día de entreno invernal
Elongando a pesar del frío canadiense (-20°C) 
Reconfortante panorámica de cumbre en el Gateado, clásico objetivo de carrera en montaña
El entrenar empíricamente “probando” con nuestro cuerpo hace que invirtamos tiempo y esfuerzo, a prueba y error. De esta manera no siempre lograremos el mejor resultado en el menor tiempo. A medida que pasan los años, uno va ganando experiencia, pero el tiempo (tanto el de entrenamiento como el de salir a la montaña) es cada vez menor, por lo que uno busca ser cada vez más efectivo. Este año, gracias al consejo de mi amigo Mijel, me planteé cambiar mi forma de entrenar, ¡si seguía siempre repitiendo lo mismo, no iba a conseguir resultados muy diferentes! Fue así que primero había que definir el “para qué”, o sea el objetivo. Si bien mi principal interés como mencioné más arriba es explorar zonas inexploradas de nuestra montaña, también me interesa progresar en el esquí de travesía, en la escalada en roca y participar en algunas carreras de calle o montaña. Y dado que el tiempo es escaso, uno debe elegir. Por lo que me propuse para lo que quedaba del 2018, volver a las fuentes, y buscar las mejores condiciones físicas para el montañismo de expediciones. Pero para lograr un cambio en mi rendimiento físico era necesario el asesoramiento profesional. Se necesita una persona que nos aporte una mirada objetiva y atinada de nuestras posibilidades y elabore el plan de entrenamiento necesario. De esta manera me reuní con Fede (profesor de educación física y aspirante a guía de montaña) y le conté lo que había hecho durante los últimos años y lo que pretendía mejorar. Preparó un plan de tres días de gimnasio y dos de actividad aeróbica a la semana, y el 1° de julio pasado comencé a trabajar en ello. Junto a la nueva rutina de trabajo físico, comencé a modificar mis hábitos alimenticios. El desayuno pasó de ser una infusión con “panificados”, a ser una comida fuerte agregándole huevos y frutas. Y cada sesión de gimnasio debía ser respaldada por una buena dosis de proteínas en la comida posterior. Sin suplementos, sólo comida lo más sana que la vida diaria permitiera. Los objetivos de montaña previstos ya sea por razones laborales, condiciones de la montaña o escasez de tiempo no se fueron cumpliendo como hubiera deseado. Pero el plan de entrenamiento lo fui respetando todo lo que la vida diaria me permitió. La rutina de gimnasio me hizo mejorar mucho en fuerza de piernas y tronco. El trabajo aeróbico de “pasadas”, fartlek y fondos aportaron potencia y resistencia. Una ascensión en el día con más de 2200m de desnivel en terreno rocoso y con nieve, me fue confirmando los buenos resultados de este nuevo entrenamiento.
Correr en montaña también es gozar del paisaje
La primavera en el cerro Áspero
Clásico circuito por la quebrada del Manzano (Piedra Isidris)
LOS PRIMEROS 42K
Hace un mes y medio, surge una invitación para participar en una carrera. Es así que se presenta la oportunidad de correr mi primer “maratón”, una carrera de 42km. Siempre me había tentado la idea de participar en esta distancia, pero nunca había tomado la decisión con suficiente antelación para llevar a cabo una preparación seria. Y esta vez, si bien el plan que venía haciendo no estaba enfocado en correr carreras, había un mes y medio para “redirigirlo” y adaptar el plan al nuevo objetivo. Pero estos primeros 42K no eran en una carrera “de calle” sino “de montaña”, cosa que realmente me tentaba. Me junté con Fede y me dijo: “Vos estás en condiciones de terminarla, pero para quedarte tranquilo debes probarte con 30/32km, subiendo Áspero, Arco y Santo Tomás por ejemplo”. Readaptamos las últimas semanas de entrenamiento, acentuando las rutinas de correr, haciendo varios fondos más largos. A poco menos de un mes de la competencia me probé con un “Áspero + Arco” (25km y 1500m de desnivel). El objetivo era hacer una prueba de 30km, pero se hizo de noche y no pude terminar lo indicado, aunque por las características de la actividad nos dimos por conformes. Las últimas semanas, como estaba planeado, la intensidad del entrenamiento bajó para permitir que el cuerpo se recupere.
Probandose para los 42K: Áspero + Arco, 25km y 1500m desnivel en 5hs 30min
Cruce refrescante en el km 13
Y finalmente llegó el día, por fin estaba por enfrentar el desafío de mayor distancia que jamás había hecho. Luego de varios percances físicos en las últimas semanas, que incluyeron desde un persistente resfrío, una leve torcedura de tobillo y un procedimiento quirúrgico de urgencia, había llegado finalmente a estar en la línea de largada. Con mi cuñado Pablo nos ubicamos al fondo, dejando a los que pretenden ir más rápido adelante nuestro. Somos 800 corredores los que participaremos de estos 42km de Villa La Angostura. El día se presenta frío, nublado y con pronóstico de lluvias y nevadas en la parte alta del circuito. El pueblo está revolucionado con este evento, tal como pasa todos los años desde el 2004. Todos los habitantes lo viven como una fiesta y por eso se convierte en una carrera muy especial. A las 9 de la mañana en punto largamos, con un trote suave vamos recorriendo las pocas cuadras del pueblo antes de entrar al bosque. El circuito consiste en unos pocos kilómetros planos para entrar al bosque y comenzar los faldeos del cerro “Belvedere”. Luego volver a bajar todo y comenzar un sector de subidas y bajadas para cambiar de valle. Se termina bajando hasta casi la cota del lago para comenzar la subida más grande, el cerro Bayo. Una vez en la cumbre de éste, todo es bajada. Hemos escuchado un sinfín de consejos de cómo encarar la carrera. Todos coinciden en que hay que llegar bien enteros al kilómetro 26, base de la última subida fuerte del Bayo. Ahí está el “filtro” donde se producen muchas deserciones. Para lo cual, hay que tomar “con soda” las primeras subidas del Belvedere. Durante 4km vamos a un ritmo bien tranquilos, entrando en calor y charlando. A partir de allí y ya entrando en el bosque comienzo a ir a mi ritmo y lo dejo a mi compañero que haga lo mismo. La fila india de corredores es interminable, pero cuando se puede hay que pasar al de adelante. Este tramo de subida me demora mucho más de lo planeado, pero la vista desde el filo del Belvedere es increíble y las fotos son inevitables. Después viene un descenso empinado recalienta los cuádriceps. Una vez abajo, pensás “no llevamos ni el tercio de la carrera y así ya se sienten las piernas…”. Vadeos de arroyos de agua helada son una buena terapia para los pies cansados. El terreno hasta aquí es increíble: senderos de tierra mullida, sin piedras, permiten correr muchos tramos, ¡muy diferente a los pedregales de las montañas mendocinas! Los kilómetros van pasando y uno siempre va concentrado en lo que está corriendo, no en lo que falta. Si bien llevo una pequeña mochila con 1 litro de líquido, algo de comida y abrigo, aprovecho todos los puestos de hidratación y comida. Hay que tomarse con calma el hecho de recuperar líquido y energía, ¡no estamos en el grupo de élite donde sí cuentan los minutos perdidos!
Panorámica desde el filo del Belvedere (Lago Nahuel Huapi)
Contento porque solo falta bajar...
Algunos tramos nevados en el sendero de bajada
El recorrido a través de senderos “mullidos” de tierra y material vegetal, bajo la sombra de los cohiues es un placer, a pesar de los kilómetros acumulados. El ritmo que trato de mantener es trotar en los planos o subidas suaves, correr en bajadas y caminar a paso cortito las subidas fuertes. De esta manera al cabo de 4hs y media estoy en el puesto del km 26 en la base del Bayo. Me siento muy bien, pero me tomo la cosa con calma ya que a partir de aquí viene la subida fuerte y el próximo puesto está en la cumbre a 4km y 800m de desnivel. Descanso diez minutos metiendo todo el líquido y comida que el cuerpo permita. Un tramo casi plano nos deja en la base del “Raizal II”, la famosa subida “colador”. Llegados a este punto, sacamos a relucir el oficio “andinista” y nos programamos con un paso cortito del largo del pie. De esta manera seguimos “apilando” gente, que insiste en hacer pasos largos aunque esto les obligue a parar a tomar aliento en cada recodo del camino. El terreno es perfecto: un sendero empinado pero sin piedras dentro del bosque. Unos 400m más arriba el terreno cambia, desaparece el bosque y en poco más también la vegetación achaparrada. Sigue un terreno arenoso y de subidas más suaves. Aquí el viento y los copos se hacen presente de a ratos, aunque las nubes se abren y permiten gozar del espléndido paisaje. Unos zigzags del camino más arriba comienza el terreno nevado, una de las imágenes icónicas de la carrera. Sigo apurando el paso, pasando gente en la nieve. Para muchos participantes de la carrera, el transitar estos terrenos y estas pendientes es algo nuevo y se nota al verlos titubear. Esta carrera se ha vuelto famosa y los últimos años ha crecido mucho la cantidad de participantes. Y muchos de ellos son personas con poca experiencia en terrenos agrestes. A las 5hs 45min de carrera alcanzo la cumbre del cerro. Aquí, como buen andinista que se precie de tal, saco el teléfono y tomo una panorámica 360° ¡la vista es increíble!. Unos metros más abajo hay un puesto de hidratación, donde me tomo unos minutos para recuperar antes de emprender la bajada y los últimos 12km. El pueblo se ve hermoso desde aquí arriba; pensar que en poco rato debemos estar abajo nos recuerda que todavía la cosa no termina, aunque los más difícil ya es historia.
Panorámica desde el cerro Bayo hacia el Oeste
Unos metros de descenso un poco más técnico, a través de rocas y arena, nos lleva a un sector más sencillo donde podemos correr a más velocidad. El descenso hay que hacerlo corriendo todo lo que uno pueda, a diferencia de lo que uno hace generalmente en la montaña, donde uno cuida rodillas y prioriza la seguridad. Aquí el terreno “amable” permite ir corriendo todo el tiempo, variando la velocidad de acuerdo a la pendiente. En una hora realizo los 1000m de descenso hasta llegar a la ruta, desde aquí sólo quedan unos 3km planos hasta la llegada. Me sorprendo de sentirme entero, sin dolores y con capacidad para poder haber ido “apurando” desde el km26. Y es aquí donde uno ve la diferencia entre haber entrenado siguiendo un plan o hacerlo empíricamente… Una de las características de la carrera es que en el dorsal con el número aparece tu nombre. De esta manera, podés sentir el aliento de gente que no conocés y que te llama por tu nombre de pila. Y eso en medio del esfuerzo reconforta y a muchos le aporta es granito de te hace sentir acompañado. En un tramo del bosque, una persona integrante del equipo organizador y que estaba apostada en un recodo del camino me grita “Vamos Pablo que ya la tenés”. El corredor que estaba atrás mío me dice “que bueno el aliento de un amigo en esta trepada”. Yo le contesto: “no lo conozco, leyó mi nombre en el dorsal…” Aún no se había dado cuenta del interesante detalle de la organización. Así es que cuando uno va entrando al pueblo, después de muchas horas de esfuerzo, recibe el cálido aliento de muchas familias a lo largo de las pocas cuadras hasta el arco de llegada.
Panorámica desde el cerro Bayo hacia el Este
Misión cumplida
Con mi hermana, apoyo incondicional para cumplir un sueño


Y finalmente termina, esa distancia que parecía lejana ahora ya es conocida…y aparece inmediatamente ese pensamiento que alguien me dijo las últimas semanas: “ya cuando la corras, vas a querer probar más, 50km y así…” Puede ser, porque en definitiva este tipo de desafío comparte algunas cosas con el montañismo, como es el ir conociendo tus límites e ir corriéndolos más allá de lo que estamos acostumbrados. Lo importante ahora, es que después de estos meses de entrenamiento, ¡uno queda preparado para la temporada de montaña!

CONCLUSIONES
Aunque al montañismo a veces se lo rodee de un “halo místico” por quienes lo practican ya que lo consideran mucho más que un deporte, no deja de ser una exigente actividad que requiere un excelente estado físico y capacidad técnica.
El entrenamiento para la práctica del montañismo (englobando en este término todas sus variantes: ascensiones en altura, escalada técnica en paredes de roca y hielo, esquí de travesía, etc) es sumamente complejo ya que exige diferentes grupos musculares y capacidades a desarrollar.
La mejor forma de entrenar para realizar montañismo es justamente realizando la actividad, es decir, subiendo montañas. Pero cuando no disponemos el tiempo suficiente para hacerlo, es cuando sobreviene el problema.
Si queremos lograr verdaderos progresos en la actividad, deberemos plantearnos seriamente el tema del entrenamiento. Además de informarnos sobre el tema, leyendo todo lo que se cruce en nuestro camino, es ideal poder contar con un profesional que nos asesore para optimizar tiempo y recursos.
Salir a correr, sin un plan serio detrás, seguramente es mejor que no hacerlo, pero debemos saber que hay opciones más planificadas que nos darán mejor resultado.
Por último para los montañistas que quieren correr alguna carrera, seguramente se verán bastante bien preparados ya que por la actividad desarrollada se cuenta con una buena base aeróbica.
Por el contrario, los corredores que deseen practicar montañismo, deben saber que cuentan con una buena base aeróbica. Pero al carecer de experiencia de montaña, deben realizar la preparación específica para la actividad, realizando cursos de capacitación a cargo de instructores profesionales.