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jueves, 13 de febrero de 2025

ACONCAGUA EN EL DÍA DESDE PLAZA DE MULAS

 O como volver a intentarlo una y otra vez para mejorar los tiempos...

Aconcagua cara Oeste, vista desde Plaza de Mulas

Una temporada más en la que vuelvo a Aconcagua a compartir mi pasión por la pintura, mostrando trabajos realizados y a la vez aprovechando para pintar en vivo. Y esto gracias a Pablo y Sebastián Tetilla, quienes una vez más me abrieron las puertas de su campamento para que yo me sienta a mis anchas y como en familia. A veces se vuelve difícil explicar lo que uno siente y vive, pintando en la montaña. Una persona, especialista en “curaduría de arte” me preguntaba hace unos días sobre mis razones de dibujar y pintar montañas, y qué era lo que yo pensaba la hacía “particular”….Y a mí se me acabaron las palabras y sólo llegué a responder: “es lo que vengo haciendo desde hace más de 40 años (subir y pintar montañas), no creo tener una respuesta, ya que toda mi vida ha girado en torno a esas dos pasiones, no sé lo que es vivir sin hacerlas…”

Para compensar los días “sedentarios” de pintura, lo primero que hice para “estimular” la aclimatación, fue un “Bonete”, clásico cerro de 5000m de altura, utilizado popularmente para este fin. Para lo cual opté por la forma más minimalista, buscando siempre el desafío de tardar menos tiempo que la última vez. Y a fuerza de “hiperventilar” dado que hace solo un par de días que había llegado a Plaza de Mulas, hice 1h 26min a la cumbre y 47min de descenso, para los 763m de desnivel y los 8.33km de recorrido total. 

Resumen actividad de ascenso al Bonete


Cumbre del Bonete


Unos días más tarde, salgo livianito a subir hasta el C1, Plaza Canadá. Y apretando el paso, termino tardando 1h 12min para llegar (648m de desnivel y 2.67km de distancia). Una charla con el campamentero de altura, y me largo para abajo, a continuar el día pintando. En la bajada me encuentro con el Mati Sergo, eminencia de ascensos rápidos en Aconcagua (récord de ascenso en y descenso en el día desde Plaza de Mulas, y para el 360°). Y aprovecho a preguntarle como es el “paso” que lleva en esas pateadas descomunales que hace. Y me cuenta que nunca corre, y lo que hace es un paso largo, apostando a la fuerza de sus cuádriceps y glúteos. No nos olvidemos que en nuestros muslos están los músculos más potentes de nuestro cuerpo, y que un deportista entrenado para ello, puede recurrir perfectamente a esa herramienta. Como viejo montañista, uno tiene en la cabeza el hacer siempre “pasos cortos”, sobretodo en Aconcagua y en altitud, pero para esta situación (querer “apurar” el ritmo de ascenso, sin tener que trotar o correr) quizás es la forma más efectiva de hacerlo (obviamente a costa de utilizar piernas bien entrenadas). Y sin ir más lejos, observando a los compañeros porteadores, es el paso que usan tanto para ir con carga o cuando van livianos a buscarlas. 

Algunas nevaditas pintaron la montaña durante enero

Los días siguientes surgieron un par de porteos a Canadá, donde realmente me sorprendí del ritmo que hice a pesar de la carga. Como lo que tenía en mente era poder hacer un nuevo Mulas – Cumbre – Mulas en menos tiempo esta vez no quería repetir lo del año pasado (en 2024 lo hice sin siquiera haber pasado los 5000m durante las semanas previas). Ahora quería subir hasta el campamento Cólera al menos una vez, para tener al menos un “estímulo” de altura. Y para eso no había mejor ocasión que hacerlo porteando y probar como me sentía a 6000m después de un año, donde no había superado los 1600m de altura del cerro “Arco”. Y otra vez me sorprendo para bien, ya que las sensaciones fueron perfectas, batiendo mi propio tiempo “porteando”: 1h 29min para el tramo Nido – Cólera.

Porteando desde Nido de Cóndores (5580m) a Campamento Cólera (5960m)

Dejo pasar unos días esperando la bendita “ventana” de buen tiempo, y como siempre que la fecha se acerca, el día que parecía bueno no lo es tanto…Y la disyuntiva es: elijo un día sin viento pero con nubes a partir de mediodía y las consabidas “snowshowers” de la tarde, o espero más días para un día totalmente despejado pero con más viento. La ansiedad es grande, así que no lo dilato más y voy por la primera ventana, de esta manera si llego a tener que bajarme sin la cumbre por algún motivo, aún me queda la chance de volver a intentarlo antes del fin de mi estadía. 

La sombra del Aconcagua al fondo, el Cuerno en primer plano

El 22 de enero, salgo a las 4:08 AM. Voy liviano, con una mochila chiquita, poco menos de 2litros de líquido, grampones, casco y botas simples. De abrigo una pluma liviana. En pocos minutos estoy agitándome en los primeros zigzags del semáforo. Siempre es complicada la salida, se junta todo: las ganas de arrancar pero a la vez la voz que te dice “vamos calentando de a poco”, pero el frío también te hace apurar! Así que entre tire y afloje pasa la primera hora hasta Canadá. Y meterle nomás siguiendo el haz de luz de la linterna, apretando el paso para no enfriarme, y a la vez pensar que falta un montón…Poco después de cambio de pendiente, me asombran las lucecitas que se ven allá arriba, en la Travesía y en La Cueva. No puedo creer que a esa hora ya haya gente en esos tramos, unos 1500m de altura más arriba que yo. El frío me hace seguir sin parar en Nido de Cóndores. Recién unos cientos de metros más arriba me detengo unos minutos para comer y beber. Y cuando voy acercándome a los 6000m, me decido por el camino que va por el refugio “Berlín”. Definitivamente es más corto ir por ahí y no por el campamento Cólera. Más arriba de Berlín me cruzo con el amigo Adrián Miranda, quien vuelve con su cliente, después de que éste desista de seguir subiendo a la cumbre. Después de los resaltitos, dejo de dudar y me calzo los grampones: la nieve dura cubre todo el camino. Cuando llego a Piedra Blancas (6200), recién recibo los primeros rayos de sol que aprovecho para comer y tomar algo. Y a continuación viene una de las partes que se me hace más aburrida e interminable: los zigzag hasta Independencia. Cuando alcanzo Portezuelo del Viento, vuelvo a poner el piloto automático y le doy parejo hasta “La Cueva”. Y a diferencia de otras veces, ni me detengo allí. La idea es ir pasando a todos los grupos antes de la cumbre. Esas lucecitas que ví esta mañana a las 6, que andaban por aquí, todavía están subiendo. Y a fuerza de “sorry” y “excuse me”, voy dejando los grupos atrás. 

Desde la cumbre mirando a La Canaleta


Contento luego de alcanzar mi 6° cumbre en 9hs 6min


Resumen de la actividad del 22 de enero


El día despejado se ha ido poblando de nubes y cuando llego a la cumbre a las 13:14hs las nubes ya nos envuelven por completo, adelantándose a lo pronosticado. Y a pesar del multitudinario grupo de clientes que me rodea, grupo de la empresa del famoso “Nims”, yo estoy muy contento por el tiempo realizado. Esta vez pude bajar una hora y media mi marca del año pasado. Pero las nubes han aguado la fiesta, ya que uno de los objetivos por los que me gusta subir a la cumbre es poder gozar de la vista infinita de montañas y ¡cansarme de sacar fotos! Por lo que no me demoro mucho en la cumbre y me adelanto a todos los grupos en la bajada. Ya en la travesía comienzan las “snowshowers”, que me seguirán hasta el campamento base al que llego minutos antes de las 6 de la tarde. En un principio me había tentado largarme por el Gran Acarreo, pero las condiciones de la nieve no me convencieron y prefierí desandar todo el camino pasando por Cólera, donde me detuve a descansar un rato

El día de cumbre termina a la tarde en el café del Campamento de Inka

Luego de este ascenso, van pasando los días y mi estadía en Aconcagua va llegando a su fin. Voy preparando petates mientras sigo pintando y aprovechando cada momento en la montaña. Y cuando ya tengo todo coordinado el día de mi bajada, veo que el pronóstico pone para el 28 de enero, ¡muy poco viento y todo despejado! Ha pasado menos de una semana desde que fui a la cumbre y no sé si  hacerle otro “pegue”, pero la tentación de lograr las fotos que no pude sacar puede más y me pongo en modo ON para ir para arriba de nuevo. 


Saliendo a Piedras Blancas, atrás el Campamento Berlín

El último día de mi estadía en Aconcagua empiezo a caminar pocos minutos antes de las 6 de la mañana. Esta vez opto por salir más tarde, ya que el frío de la madrugada te hace quemar muchas calorías. Y elijo llevar una par menos de cosas (por ejemplo no llevar antiparras, ya que no habrá viento) ni guantes de repuesto, sólo los que llevo puestos. Y esta vez ni me detengo por Canadá y en 2h 25min ya estoy en Nido. Aquí el frío realmente aprieta y debo parar a comer y tomar algo para reponer energías. Sigo sin muchas dilaciones para arriba. Me siento muy bien, solo el frío es lo que hace un poco ingrata la subida. En 3h 30min llego a Berlín, batiendo mi marca personal para este tramo (unos 1600m de desnivel y poco más de 6km de distancia). Una paradita a comer y tomar algo y a seguir. Esta vez el sol ya me alcanzó un poco antes de los 6000m y se aprecia la diferencia. Minutos más tarde ya estoy en Piedras Blancas  y comienza la aburrida subida a Independencia. Siempre apelo a la concentración y a mantener el paso para este tramo medio plano de zigzags que termina con una subida empinada.

Cerro Ameghino desde los 6200m

 En 5hs y media, alcanzo los 6360m del Refugio Independencia, mi mejor marca. Menos de diez minutos de descanso para tomar y comer algo. Y darle a la corta subida al Portezuelo del Viento. Desde aquí el entusiasmo por la vista de lo que falta hace que pueda apretar un poco más el paso. En 7hs he podido alcanzar La Cueva. Pero esta vez necesito parar a desabrigarme y aprovecho a beber más líquido. No demoro más que un par de minutos y encaro la canaleta. El estado del tiempo sigue espléndido y sólo queda el último tirón. Apelando al consejo del Mati, hago pasos más largos sin parar, ralentizando el ritmo de acuerdo a la pendiente. Voy ganando metros mientras adelanto a los diferentes grupos. Esa tarea, poder pasar a quien está adelante, se vuelve pesada porque te hace perder el ritmo. Pero es lo que hay, y esta vez a diferencia de la semana anterior, hay bastante menos gente.

Resumen de actividad de ascenso del 28 de enero


Desde la cumbre mirando al Oeste


Feliz al alcanzar la 7ma cumbre, ahora en 8h 36min

Y cuando alcanzo la cumbre a las 2 y media de la tarde, no hay nadie arriba, todos los grupos vienen más abajo. Tardé 8hs 36min desde que salí de Plaza de Mulas, ¡media hora menos que la semana anterior! Es un día hermoso, despejado y sin viento que me permite disfrutar durante una hora de la cumbre. Aprovecho a sacar fotos hasta el cansancio, a todos los cerros que se ven. Uno nunca sabe cuando va a volver a estar aquí y con estas condiciones. Al rato llega Ulises Corvalán y su grupo, y aprovechamos a sacarnos fotos unos a otros. Cerca de las 3 y media comienzo el descenso, y esta vez opto por el Gran Acarreo. Si bien no se ven muy buenas condiciones de la nieve que lo cubre, supongo será mejor que desandar todos los zigzag del camino. No sé si finalmente fue negocio bajar por aquí, pero una vez en él, solo queda tratar de perder metros lo más rápidamente posible. Finalmente llego a Plaza de Mulas, minutos antes de las 7 de la tarde. Y allí, como si nada hubiera pasado, uno deja la mochila, se cambia las botas por las “crocs” y vuelve a la mesa con sus pinturas…

Cumbre del Aconcagua y montañistas felices

ALGUNAS REFLEXIONES

  • Las condiciones de la montaña durante la segunda quincena de enero obligaron a la utilización de grampones desde los 6000m. En mi caso utilicé grampones automáticos en botas simples de cuero. Podrían utilizarse zapatillas y minigrampones. Un ascenso en menos tiempo es posible con el cerro más “seco” para así tener que llevar menos cosas.
  • El ascenso realizado fue hecho en total autonomía, es decir se cargó desde el CB hasta la cumbre y de regreso, todo lo que se necesitaba (equipo, grampones, abrigo, líquido, comida, etc), prescindiendo de cualquier cosa de los campamentos de altura o habiendo realizado porteos previos.
  • La mejora en el tiempo de ascenso respecto del año anterior se debe en parte a ir más livianos: mochila chiquita, menos abrigo, menos cosas “por las dudas”. El ya haber realizado la experiencia, hace que uno se conozca en esas circunstancias y poder “correr los límites”.
  • El cambio en la estrategia del paso adoptado también debe tener que ver, ya que en los lugares claves como La Canaleta, la diferencia en el tiempo fue notable, y las sensaciones también. Realizar un paso que nos permita subir sin parar nos hace sentir mejor anímicamente y esto termina retroalimentando el ritmo que estamos llevando.
  • La aclimatación es otra variable a no descuidar: esta temporada al menos se subió una vez hasta 6000m, siendo un estímulo más de aclimatación que la temporada pasada. Quizás si se realizaran más ascensos a cotas altas, se podría mejorar el resultado.
  • Durante el año no se realizó ningún ascenso en montaña (ni siquiera a una cumbre de 2000m de altura…) sino que se mantuvo un entrenamiento aeróbico (correr) 2 a 3 veces por semana. Seguramente se lo lograrían mejores resultados complementando con trabajos de fuerza en gimnasio.
  • Para todos aquellos interesados en desafiarse a sí mismos en ascensos como el relatado, debemos conocernos perfectamente a esa altitud y conocer la montaña y sus condiciones. Esta temporada hubo dos personas de nacionalidad mexicana que sin haber subido nunca a la cumbre, decidieron intentarlo “en el día” desde Plaza de Mulas. Y los resultados no fueron lo que ellos esperaban, frustrándose en su experiencia en la montaña y generando situaciones de riesgo. Si al menos hubieran subido “normalmente” utilizando algún campamento alto, podrían haber conocido la magnitud del esfuerzo a realizar y las condiciones del cerro para luego concretar su desafío de hacerlo “en el día”.

sábado, 10 de febrero de 2024

ACONCAGUA EN EL DÍA DESDE PLAZA DE MULAS

O la conclusión de un sueño pendiente 

Típica formación del "hongo"sobre el Aconcagua, visto desde Plaza de Mulas


Buscar la superación de los límites personales forma parte de la práctica deportiva del montañismo. A la par de ir subiendo montañas que no hemos subido, al montañista puede surgirle también la inquietud de repetir alguna montaña buscando una mejor “perfomance” personal. Desde las primeras ascensiones a las principales cumbres del Cordón del Plata que hice en los años ’80, inmediatamente se me fue pasando por la cabeza poder repetir los clásicos Agustín Álvarez, Santa Elena, Blanco o Salto, “en el día”. Es decir, realizar esas ascensiones que llevan 3 o 4 jornadas, en una sola. Más adelante llegó también el turno del Rincón, Vallecitos y Lomas Amarillas, para finalmente hacer también del Plata, un protagonista más del juego “en el día” (tal como llamábamos esos años, lejos del “nonstop” actual, más propio de un producto comercial…)

 Cuando hace algunos años volví al Aconcagua, también volvió a desafiarme la idea de intentar el “Coloso” en una jornada desde el campamento base de Plaza de Mulas. Esta actividad, Mulas – Cumbre – Mulas, tomó cierta trascendencia a mediados de los ’80 cuando montañistas locales y extranjeros comenzaron a “probarse” para realizar el menor tiempo posible. Hoy en día es un desafío que muchos montañistas que trabajan en el Parque Aconcagua, se plantean hacer alguna vez, a modo de probar lo que se logra trabajando toda la temporada en el cerro.

Personalmente ya lo había intentado la temporada pasada, el último día de mi permanencia en Aconcagua, durante una ventana del nevador enero del ’23. Ese 22 de enero, iba realizando un lindo ascenso a buen ritmo, pero poco antes de “La Cueva” a 6600m, se produce un accidente y renuncio a seguir subiendo para colaborar en el rescate. Y allí quedó trunco el único intento que había hecho “en el día”.

Este año, venía con la idea de terminar lo empezado, así que no quería bajarme sin intentarlo. No estaba muy seguro de tener la mejor preparación, ya que el par de semanas que llevaba en Mulas habían pasado abocado a la pintura. Sólo había podido hacer algunas caminatas hasta los 5000m: un par de porteos a Canadá y un rápido ascenso al Bonete. Esa era toda la aclimatación y actividad física previa al ascenso. Pero el trabajo de artista no me había dejado tiempo para más, y apostaba todo a la aclimatación por la permanencia de muchos días a más de 4000m.


El Cuerno comienza a iluminarse cuando voy alcanzando los 5200m

El robo de mis botas Lasportiva días previos al intento, me desbarataron los planes sobre que calzado usar. El Aconcagua había estado ventoso y muy frío en diciembre, y la primera quincena de enero no había sido muy diferente. Pero las ventanas de buen tiempo que se venían, podían presentar temperaturas más benignas. Y yo tenía la idea de subir con mis “Karakorum”, botas simples de cuero, robustas y no muy pesadas. Pero alguien que no entiende cuales son los códigos de la montaña, y se mueve con la mezquindad y el atropello propios de la vida en la ciudad, se las llevó. Y me dejó “a pata”. Algunos experimentados “montañistas-corredores” me tentaban a intentarlo lo más liviano posible, con lo mínimo e ir de zapatillas pero el frío me hacía dudar. Finalmente, Gabriel, jefe de campamento de Inka me ofrece en préstamo unas dobles Scarpa que me quedan bastante bien y no lo pienso más y me decido por esa opción. 


Nido de Cóndores ya quedó abajo y sigo en sombras...



¡Al fin sobre el Portezuelo del Viento!

Aquí conviene aclarar la forma o criterio que uno adopta para hacer estos “pegues” o intentos. Desde los años que hice mis primeros “cincomiles en el día”, en el Cordón del Plata, lo hice desde la óptica de un montañista autosuficiente. Es decir cargando todo lo que uno necesita para el ascenso y contando con elementos para cualquier emergencia que nos obligara a “vivaquear”. Esa es la opción que también tomé en esta oportunidad: por lo que el peso de la mochila cuando salí de Plaza de Mulas rondaba los 15kg: botas dobles, campera gorda de plumas, pantalón de primaloft, medias merino de repuesto, antiparras, casco, botiquín, radio, teléfono celular, cámara de fotos, mitones de plumas, termo con té caliente, 1 litro de jugo caliente, galletas, budín, alfajores, fruta seca, 2 geles, cámara de fotos. ¿Que si es necesario llevar todo eso para subir un día de buen tiempo como el que se presentaba? Y seguramente varias de las cosas que llevé no hicieron falta…por suerte. Pero yo las tenía en mi mochila por las dudas, de eso se trata cuando uno “intenta” ser autónomo. Es parte del juego que uno elige. Y tampoco quería darme la vuelta sin la cumbre por sufrir frío en los pies…No descarto probar en algún momento hacerlo de otra forma, prescindiendo de muchas cosas, pero para lo cual hay que estar más entrenado y llevar un ritmo mucho más rápido para evitar el frío. 


Rezagados en la travesía


Alcanzando y pasando a los últimos grupos

Salí minutos antes de la 5 de la mañana, luego de un completo desayuno con huevo, sándwich y frutas. Fui en zapatillas de correr y cargando los dobles en la mochila. La mañana es bastante fría (unos -10°C ó -12°C a 5000m) y no logro entrar en calor los pies desde que salí. Llego a Nido en menos de 3hs y aprovecho a tomar algo de té y a cambiar de calzado, dejando las zapatillas y comenzando a usar los dobles. Sigo subiendo en sombras, el sol recién me alcanza llegando a Cólera. Aquí hago otra paradita a comer y tomar algo y me apuro a seguir. El tramo hasta Independencia se me hace más largo de lo que esperaba. Estoy demorando más que el año pasado hasta este mismo punto: la temporada pasada la nieve dura cubría el cerro desde los 5000m y yo venía subiendo con dobles y grampones haciendo más eficiente el ascenso.

Vista hacia el Noroeste

Vista hacia el Noreste


El día sigue espectacular según lo pronosticado y yo sigo avanzando a ritmo constante hasta llegar a La Cueva, donde tomo un poco de líquido. Ya son las 13:30 y veo que voy a demorar un poco más de lo que calculaba. Pero he venido avanzando a buen paso, sin parar y conciente del ritmo, y así sigo en la Canaleta. Más arriba me cruzo con el Fer Grajales y el Ronnie que vienen bajando. 

Clásico perfil de la cumbre Sur



Con el Gabi Barral coincidiendo en la cumbre
Salió la 5ta cumbre, todas desde diferentes puntos de inicio: Piedras Blancas, Cólera, Berlín, Nido y ahora Mulas

Finalmente la cumbre llega y me siento más entero de lo que pensaba, a poco más de 10hs de salir de Plaza de Mulas. Coincido con un par de grupos de guías con sus clientes, entre los cuales está Gabi Barral, amigo y compañero de ascensos en La Jaula. 

Nevado del Plomo



Nevado Sin Nombre y Alto San Juan


El clima ideal nos permite disfrutar la cumbre un buen rato, sacando fotos para todos lados. Una vez más quedo alucinado con el mar de montañas que se abren a nuestros pies. A pesar de llevar varias cumbres, el paisaje sigue cautivando como si fuera la primera vez. Será el saberse arriba de la montaña más alta y que siempre vemos desde las otras cumbres que no perdemos oportunidad de buscar todos los cerros que conocemos.

Tupungato
Grupos sobre el Portezuelo del Viento visto desde el Gran Acarreo


No quiero demorarme en bajar y antes que empiecen los guías con sus clientes a dar sus primeros pasos en la canaleta, yo ya me he alejado lo suficiente. Más abajo me decido por el Gran Acarreo, y mientras rápidamente pierdo altura, vuelvo a tomar las precauciones de mirar repetidamente hacia atrás por las posibles caídas de piedras. En una hora y media llego a Nido de Cóndores, donde cargo las zapatillas y continúo hacia abajo. Poco antes de Plaza Canadá, me alcanzan los porters de Inka, que me felicitan y continuamos juntos hasta el base, al que llego después de 2hs 50min de descenso. Me siento al lado de mi carpa a sacarme las botas, mientras miro de reojo al “Grandote”…

Bajando por el Gran Acarreo, atrás grupos en la travesía

Mirando hacia Nido desde el Gran Acarreo

En una hora y media llego a Nido de Cóndores, donde cargo las zapatillas y continúo hacia abajo. Poco antes de Plaza Canadá, me alcanzan los porters de Inka, que me felicitan y continuamos juntos hasta el base, al que llego después de 2hs 50min de descenso. Me siento al lado de mi carpa a sacarme las botas, mientras miro de reojo al “Grandote”…

Cambio de Pendiente


Esta vez pudo ser y no puedo estar más que agradecido de lograr con el Mulas – Cumbre – Mulas,  a pocos días de cumplir 55 años, y con más de 40 disfrutando de la montaña. Y como el montañismo siempre es desafío, ya uno comienza  a pensar cual será el próximo, quizás una montaña que no conocemos, una vía de escalada ó volver a probar para bajar nuestros tiempos.  Al final, todo se trata de eterno juego de desafiarse una y otra vez, y sin pensarlo de esa manera estar siempre activo. 

Festejo en Mulas con Rebeca Randis, Fer Colobini y EL Nico Sotelo

ALGUNAS CONCLUSIONES y ACLARACIONES

1) Lo primero que pensamos cuando vamos a enfrentar un desafío así, es si se parece a otras ascensiones "en el día" del Cordón del Plata. Y obviamente la respuesta es NO. Esto es más duro, obviamente por la altura...y por el desnivel abrupto. El Plata en el día puede que te consuma más piernas, pero hay mucha distancia con poco desnivel (Tramo Refugios - Campamento El Salto). En Aconcagua desde los primeros minutos de marcha estamos enfrentando pendientes abruptas. Personalmente, este Aconcagua es una "en el día" que más disfruté, me cansó menos que mi primer el Plata o el Rincón. 
2) Este desafío, Mulas - Cumbre - Mulas, es un objetivo bastante asequible para montañistas bien aclimatados que hayan experimentados esfuerzos de ascensiones de más de 2500/3000m de desnivel en el día. Pero la ascensión del Aconcagua desde Horcones, ida y vuelta, es un desafío mucho mayor que requiere una preparación específica, además de nuestra experiencia como montañistas. 
3) Lo importante a definir cuando nos decidimos a intentar el Mulas - Cumbre - Mulas, es la forma en que lo vamos a realizar: con autonomía o con apoyo externo. Son dos formas válidas, cada cual elije en su momento la que mejor le convenga de acuerdo a su preparación, equipo, clima, etc. En cada una buscaremos un límite diferente. 
4) Si lo realizamos durante una ventana de buen tiempo durante la temporada alta de ascensiones, nos vamos a encontrar con un buen número de personas que se aglomeran desde la travesía hacia arriba. Y una mayor cantidad de personas atrae aparejado una mayor posibilidad de accidentes, como sucedió durante mi intento de 2023. Es por eso que en ese caso es conveniente elegir bien el horario de salida: o bien temprano para llegar primera a la zona de aglomeración, o salir tarde para encontrar a todos arriba. En un caso sería salir tipo 1am para llegar a la cumbre a las 10am o sino salir tipo 6am para llegar tipo 3pm ó 4pm. 
5) Además de contar con una excelente aclimatación, es bueno haber reconocido el terreno días previos al ascenso, para conocer de primera mano las condiciones del cerro. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

ASCENSO EN EL DÍA AL VALLECITOS (5469m)

23 años empujando los límites




Cada tanto y previo a una actividad de alta montaña exigente me gusta realizar algún ascenso de aclimatación en el cordón del Plata. Y el cerro Vallecitos es un excelente objetivo para “probarnos” y ver como ha ido el entrenamiento. Un domingo de diciembre decidí tomar esos rumbos: el pronóstico preveía un día con algunas nubes y ráfagas de viento de 30 a 40km/h a 5000m de altura. La idea era tomar el sendero al campamento El Salto y la Ollada e ir viendo como andaba. Hacía varios meses que no hacía ascensos de altura, si bien me había mantenido activo con el entrenamiento aeróbico. A las 6:30AM parto desde la ciudad de Mendoza y casi dos horas después estoy comenzando a caminar desde el estacionamiento en Vallecitos. Voy con una pequeña mochila con abrigo, comida, cámara y dos litros de líquido.
Hace 5 años que no venía por aquí y los cambios son notorios: muchas más construcciones en el valle; y los senderos que llevan a la montaña están más marcados. Hay cartelería informativa hecha por guardaparques: a pesar de una mayor afluencia de visitantes, se nota todo más organizado, por ejemplo en las Veguitas se está realizando su recuperación evitando acampar en el sector al norte del arroyo. Voy a un paso cómodo y rápido sin fijarme en el horario. Cuando paso por Piedra Grande a 3680m, llevo 1hora y 6 minutos de marcha, unos minutos más que la última vez, hace varios años atrás. Paro lo suficiente como para sacar una fruta de la mochila y la voy comiendo mientras encaro la subida a la morena del Infiernillo. Trato de llevar el paso más uniforme que pueda, sin forzar demasiado, para reservar energía para arriba. Las nubes van cubriendo los cerros, en un típico día de verano del cordón del Plata.  
Una de las partes más exigentes de esta gran caminata, es la última subida al campamento El Salto. En este sector, el sendero va ganando altura abruptamente en un terreno de morenas, donde no queda otra que mentalizarse en que “ya casi estamos arriba”. Entre nubes llego al campamento, cuando llevo 2 horas 40 minutos desde el auto. Sin proponérmelo termino haciendo mejor tiempo que veces anteriores. El campamento está silencioso, se ve que la gente ha salido a cumbre. Aprovecho a comer un bocado y continúo a la Ollada. El paisaje se ve limitado por las nubes, aunque se adivina que “arriba está despejado”. Cuando estoy encarando una de las subidas a la Ollada, me pasan raudamente un par de “montañistas-corredores” que llevan un ritmo infernal. Reconozco y saludo a uno de ellos, es Fernando Grajales. Ellos también van al Vallecitos, así que seguramente nos cruzaremos más arriba.
En el campamento de la Ollada, me tomo unos minutos de descanso, mientras converso con dos “corredores” que han llegado hasta aquí buscando probarse. No son montañistas, vienen de pantalón corto y zapatillas. Y aprovecho a comentarles lo que se enfrentan más arriba si quieren continuar al Vallecitos o al Plata. Les digo que lo primero es chequear el pronóstico: no vale la pena arriesgarse en un día con mucho viento y lo segundo llevar el material adecuado (más allá de contar con cierta experiencia en montaña…)En este regreso a la zona del cordón del Plata he visto varias personas en tren de correr por la montaña, con equipo mínimo pero con muy buen estado físico. Y lo que se ha debatido en otras latitudes (Europa) se empieza a dar aquí. No se debe subestimar el hecho de “porque hay sendero” y es muy fácil llegar hasta aquí siguiéndolo, no estemos expuestos a los rigores de la alta montaña. Si bien reconozco que esta zona es un excelente terreno de aclimatación y entrenamiento, no deja de ser montañismo lo que estamos haciendo y no una carrera en el parque. También yo voy “liviano”: pero en mi mochila, que es considerablemente mayor a la de los corredores, llevo lo suficiente para ser autónomo en la montaña: desde botiquín, par de medias de repuesto, guantes, pluma, anorak y pantalón impermeable, barras de cereal, alfajores, maní salado, fruta, dos litros de líquido, teléfono, linterna y gps. Si queremos evitar accidentes, dejemos solo para las “máquinas” tipo Kilian Jornet, el correr sin nada de equipo por la montaña. Porque todo nos puede salir bien, hasta que nos sucede el accidente.

El paisaje es otra de las cosas que veo ha cambiado drásticamente en los últimos años. La reducción de los glaciares es tan notoria que nunca pensé que podría verlos algún día así. Pensar que alguna vez tuve que usar botas dobles para atravesar los campos de nieve y así llegar a este mismo punto que hoy hago en zapatillas. Comentarios de personas cercanas cuando les muestro fotos de estos cambios es “habrá que acostumbrarse”, “es el ciclo de la vida”, etc. Yo me inclino más a pensar en acciones concretas en cambiar conductas para estar preparados y no seguir actuando como si el agua que baja de la montaña fuera infinita…
Sigo ganando metros en este tramo que quizás con la subida previa al Salto sea lo más duro del ascenso al Vallecitos. Cuando llevo apenas 6 horas desde que salí del vehículo, llego al portezuelo. Aprovecho a comer algo, abrigarme y a seguir. El viento no es fuerte pero de a ratos puede ser molesto y frío. Un poco más arriba me encuentro con Fernando y compañeros que vienen bajando rápido. Quedo solo en el cerro, dándole paso a paso a esa huella que conduce al primer pico. En agosto de 1996 hice mi primer ascenso con Lorenzo Renard, demorando 9hs 50min. Aquella vez llevábamos botas dobles y bolsa de dormir por las dudas no alcanzaramos a bajar.
La segunda vez en enero de 1999, con mi hermano Federico, lo hicimos en 9hs. Habíamos decidido subirlo con lo que teníamos a mano, en zapatillas y medias a modo de guantes, antes que se terminen las vacaciones. En enero de 2002 lo subo solo demorando 7hs 30min. En enero de 2007 vuelvo a subirlo solo previo a una expedición a la Jaula en 7hs 50min. En enero de 2010, también a modo de aclimatación para un ascenso en San Juan lo subo solo en 7hs 30min. Esta vez, a 7 horas y 11 minutos de haber salido del auto estoy ya sentado al lado de la pequeña cruz. Me siento muy bien físicamente, mejor que las veces anteriores; se ve que los años traen la maña necesaria para subir más eficientemente!
Saco fotos para todos lados, como todas las veces que llego a una cumbre, aunque como en este caso sea la sexta vez que lo haga. Las fotos que me interesan no son solo las ahora famosas “selfies” sino las que puedan documentar el estado de nuestras montañas. Ver cambios que se han producido, estudiar nuevas rutas y cerros, es decir tener material para volver a planear nuevas ascensiones. No recuerdo haber visto nunca tan seca la montaña como ahora. Los cambios que se van produciendo son realmente elocuentes y no nos pueden dejar indiferentes. La montaña que conocíamos de jóvenes no es la misma y esta vez los larguísimos “tiempos geológicos” parecen que han tomado escala humana. Esto que vemos nos debe servir para tomar conciencia del frágil equilibrio en el que vivimos, ya que dependemos de estas cada vez más escasas fuentes de agua. Si no somos capaces de defender a rajatabla la intangibilidad de estos ambientes naturales, tendremos las horas contadas. Pero también debemos cambiar nuestras conductas cotidianas, el uso cada vez más eficiente del recurso hídrico debe ser una prioridad para todos.
El descenso lo hago bastante rápido aprovechando que voy en zapatillas. En algún punto me detengo a conversar con ocasionales compañeros de ruta. Con las últimas luces del domingo estoy en el auto. Bajo contento con esta “panzada de montaña exprés” que supone una pateada “en el día”. Ya estoy listo para empezar una semana crucial: el gobierno ha decidido modificar la ley n°7722 que protegía a los ambientes naturales de la minería metalífera que usa cianuro y no podemos quedarnos de brazos cruzados. ¡El agua de Mendoza no se negocia!


miércoles, 22 de agosto de 2018

PICO LEGENDARIO 4382m

Una nueva cumbre en el extremo sur del Tigre








A veces transcurren años, sí, años, antes de poder cerrar una “historia” con una cumbre. Y no es que se trate de grandes proyectos de escalada, sino justamente al contrario, son de esas pequeñas historias que por estar siempre ahí, nos mantienen atentos para alcanzarlas. Este pico hace casi 30 años lo ví por primera vez, cuando comencé a explorar la quebrada Colorada. Comenzaron a ser la silueta de montañas que teníamos de fondo cuando transitábamos esa quebrada. Pasó el tiempo, y no solamente los cerros más altos me fueron llamando la atención, sino todos, hasta aquellos que pasan desapercibidos para muchos que recorren la ruta a Chile. Hace unos cuantos años atrás, cuando ya estaba en proyecto el libro 50 cumbres, con Lito Sánchez vinimos a intentarlo un fin de semana. Pero no tener claro por donde acceder a la entrada de la quebrada del arroyo Del Sargento, nos hizo decidirnos por ir a Las Cuevas, ascendiendo al día siguiente el Titán por nueva ruta. Y desde ese momento los dos supimos que algún día debíamos volver a subirlo. El pico está ubicado en el extremo sur del cordón del Tigre, entre el Juan Pobre y el Peñón Rajado. Su perfil más definido que su vecino más meridional, me hizo pensar más de una vez de que si no se trataba de la verdadera ubicación del Juan Pobre. Es más, cuando en julio de 2012 alcancé esa cima, me quedé con las ganas de continuar recorriendo los kilómetros de filo que me separaban hasta el misterioso pico. En mayo de 2017 hicimos un épico intento con Lito y Heber. Luego de ascender penosamente abriendo huella en nieve reciente, nos rendimos a la evidencia de que ese no iba a ser el día: el sol se ocultaba en el horizonte y aún nos separaban 200m de desnivel a la cima. El fin de semana pasado bastó una llamada de Lito para volver a intentarlo. Ya había pasado suficiente tiempo desde el intento anterior para poder olvidar el esfuerzo y los dolores que dejan esos regresos nocturnos… Y esta vez Cristian Sancho, Crispo, es el tercer integrante de la cordada. Armar la mochila en menos de media hora y con los últimos rayos de sol de la víspera del feriado estamos en camino hacia la quebrada Colorada. Justo ahí en la entrada dejaremos el auto como en la vez anterior. Pero esta vez pensamos hacer acuse de recibo de la experiencia anterior y pensamos vivaquear allí para poder arrancar de madrugada. La noche fría no nos acobarda para que hagamos el asado que traemos bien regado por un buen vino, ¡así da gusto prepararse para los desafíos! Tarde nos acostamos mirando las estrellas mientras el reloj ya descuenta el tiempo para las 5am. Finalmente a las 6:20am estamos en marcha haciendo el intrincado recorrido para acceder a nuestra quebradita. Dado que nuestro objetivo está del otro lado del río Mendoza, debemos cruzar por el puente de la ruta internacional para luego bajar al lecho del río, costear y sortear los pilares del puente y así evitamos tener que vadearlo. Y luego queda una caminata de 2km hasta la puerta de la quebrada. Las luces del día van ayudando a entender mejor el camino que recorremos una vez que estamos en la quebrada. Una madrugada particularmente fría nos mantiene en movimiento continuamente y paramos sólo para tomar unos tragos de té caliente. Venimos más pesados de lo que hubiéramos deseado, pero las complicadas condiciones de la montaña en este invierno de escasa nieve nos obliga a cargar el equipo que creemos necesitaremos. Cristian se decidió a traer los esquíes para realizar quizás uno de los primeros descensos en el cordón del Tigre. Y con Lito cargamos las raquetas de nieve que nos permitan ir más rápidamente que la vez anterior. Más de tres horas nos toma alcanzar el límite de la nieve, que nos permita descargar algo nuestras mochilas. El sol aún no nos alcanza: nuestra quebradita está protegida por altas paredes que nos arrojan sombra por un buen rato.



Como a 3200m hacemos un descanso al sol y viendo que estamos cerca del mediodía comienzo a preocuparme sobre el éxito de nuestra ascensión. El terreno no nos ha permitido subir al ritmo que había estimado y temo que nuevamente el objetivo se nos escape de las manos. Pero desde aquí la nieve empieza a estar más consolidada y nos permite ganar nuevamente metros en poco tiempo. Apuro el paso y encaro directamente al col por el cual bajamos la vez anterior. Las raquetas me permiten avanzar sin titubeos y busco los tramos de nieve venteada para evitar enterrarme. Son más de las 3pm cuando Cristian nos sugiere que sigamos a nuestro ritmo hacia la cumbre, dado que prefiere guardar “piernas” para realizar un controlado descenso en esquíes. Así después de chequear las radios, quedamos en “QAP” (con las radios abiertas, escuchando si el otro nos necesita).
Nos vamos acercando a la base de la pala que conduce al col, buscando el punto óptimo para alcanzar el filo. Éste presenta pequeñas cornisas que nos hacen estar atentos, pero la escasa nieve acumulada hace prácticamente nula las posibilidades de desprendimientos. Así y todo apuro el paso en este tramo y son las 4:10pm cuando no sin luchar con la cornisa logro salir al filo. Allí espero a Lito que viene un poco más atrás. Es el máximo punto alcanzado hace más de un año atrás. Cuando llega mi compañero, nos comunicamos con Cristian y le informamos que continuaremos rápidamente a la cumbre, esta vez no dejaremos que se nos escape! Cristian nos comenta que se apresta a comenzar a descender luego de haber derretido nieve y tomado algo caliente.Desde aquí estimamos que nos quedan unos 200m de desnivel que pretendemos hacer en unos 40 minutos. El terreno firme, sin nieve y numerosas huellas de guanaco facilitan la tarea y vamos ganando metro a metro la cumbre. A las 5:15pm estoy llegando al punto más alto, asombrándome que no hay ningún rastro humano aquí. A pesar de ser una vistosa cumbre visible desde la ruta, este pico aún esperaba que alguien lo visitara. Mientras veo a Lito acercarse aprovecho a tomar panorámicas, medir con el gps y levantar la pirca. Y una vez más nos encontramos con la tarea de dejar nuestro testimonio y denominar de alguna manera a esta cumbre “innominata”. Lito viene con la tarea ya preparada y entre varias alternativas no dudamos en elegir “Legendario”. Alcanzar este viejo objetivo por el único e intrincado recorrido ha sido más bien de “leyenda”…

Son las 5:45pm cuando nos programamos para comenzar a perder metros... más de dos mil metros de desnivel nos separan del auto. En pocos minutos estamos en el col y destrepamos con atención los primeros metros. Más adelante podemos imprimir más velocidad haciendo una carrera a la noche. Pero la luna creciente aparece y no todo son penurias en el descenso. La quebrada nos exige una gimnasia continua de saltar de piedra en piedra hasta el último metro. Son las 11:30pm cuando vamos llegando al valle del río Mendoza. Aún falta el gran rodeo para evitar el cruce del río y por fin una hora más tarde nos encontramos con Cristian en el vehículo. Allí una picada con los restos del asado de la noche anterior nos va reponiendo de las 18 horas 9 minutos de actividad ininterrumpida…Por unanimidad decidimos vivaquear nuevamente aquí para regresar más enteros por la mañana. “Una cumbre más, una cumbre menos”, me recuerda Lito sobre lo que le comenté en una de las ascensiones a las “50 cumbres”. Y así es como uno se siente cuando va cerrando historias con las cumbres…